martes, mayo 21, 2013

GATOS Y PIEDRAS

La semana se presenta relativamente tranquila -es decir, sedentaria y laboriosa-, después de los trasiegos de la anterior. No, esta semana no hay que vender nada, ni exhibirse, ni incurrir en esa tolerada forma de la descortesía consistente en reclamar más o menos sonrientemente la atención ajena. Aunque ya se sabe que lo uno es fruto de lo otro. y que el resultado acumulado de estas tardes de paciente laboreo no es otro que los libros que, si nada tuerce su curso natural, habré de respaldar en público cuando les llegue su momento. Pero quede aquí constancia que la parte más grata del proceso es la que transcurre en soledad, ante esta pantalla, sin otra compañía que la de la gata que, de cuando en cuando, abandona su letargo en el sofá y viene a ver qué demonios me traigo entre manos con estas digitaciones incesantes... Ella -la gata- no sabe que también su nombre -mejor dicho, su inicial- ha sido también parte de estos públicos trajines de los últimos días. Y que quizá cuando más cercana la he sentido fue en el momento en el que este poeta y amigo querido -y por eso me permito la confianza que sigue- me preguntó, en la presentación de mi libro, por la clase de silenciosa comunicación que en él se establecía con la gata aludida en el título. Se da la circunstancia de que este amigo acaba de publicar también un poemario titulado Piedra rota, que es básicamente una especie de diálogo unidireccional entre una conciencia viva y un trozo de materia inerte. Y le espeté: "Parece mentira que me preguntes eso, J.R. Porque, si yo hablo con los gatos, tú lo haces con las piedras. Y un gato siempre será más expresivo que una piedra, digo yo".


***

Me cuenta este chico que le ha dado por leer, cosa que nunca antes había hecho. Y que lo primero que ha aprendido de los libros es la futilidad de todos los esfuerzos humanos; entre ellos, el de ir a clase. Por eso lleva semanas sin aparecer por la escuela. Y viene a contármelo, esperando que yo lo comprenda.


***

Cada vez parece más evidente que el objetivo del actual proceso de desmantelamiento del "estado de bienestar" no es otro que la desaparición de la clase media asalariada; es decir, de ese incómodo sustrato que, además de reclamar un plato de comida y un techo a cambio de su trabajo, empezaba a tener holgura para exigir otras cosas: libertad individual, educación y cultura, por ejemplo; cuando el capital lo único que necesita es mano de obra barata y clientela a la que vender masivamente ciertos productos manufacturados. Y ya se sabe que hoy hasta los pordioseros tienen teléfono móvil. Para qué más.

No hay comentarios: