jueves, mayo 16, 2013

OMNIPOTENTES


Sí, los hechos demuestran que, uno a uno, en nuestra debilidad y desamparo, somos simples marionetas en manos de poderes contra los que poco podemos hacer. Pero basta asomarse a las páginas de curiosidades de los periódicos para comprobar que la aspiración humana a la omnipotencia sigue siendo un poderoso acicate. ¿Que Supermán hacía caer aviones con un gesto? Un joven científico español ha desarrollado una aplicación de teléfono móvil capaz de interferir con los sistemas informáticos de los aviones en vuelo; y lo ha hecho, dice, para poner en evidencia los puntos vulnerables de esos sistemas. ¿Que, en un arranque de misantropía, siente uno nostalgia de los tiempos del salvaje Oeste, en los que los niños se destetaban con pólvora? Un pirado de Texas ha inventado una pistola de plástico que cualquiera puede reproducir en casa mediante una impresora tridimensional. No hay atributo heroico que no esté a nuestro alcance, no hay impulso megalómano que no pueda satisfacerse. Algunas de esas satisfacciones, ya se sabe, pueden conducirnos directamente al trullo. Pero muchas otras ni siquiera estaban previstas en los más meticulosos códigos penales. 

No hace falta rebuscar mucho. ¿Quién no ha sentido la rara felicidad del rey Midas cuando ha comprobado que, tras una somera búsqueda, los vericuetos de Internet le deparaban el libro, la película o el objeto de coleccionista que había ansiado durante años? ¿Quién no se ha reencontrado con viejos amigos casi olvidados y vueltos a encontrar en esos indiscretos corrillos planetarios llamados “redes sociales”? Rozamos la omnipotencia, sí: gozamos de los poderes, no ya de los superhombres de tebeo, sino de los mismos dioses. Y aún así, fuerzas que apenas controlamos, pero que adivinamos muy humanas y muy apegadas a la tierra, siguen dirigiendo nuestros destinos y nos hacen sentir, hoy, acaso más vulnerables y débiles que nunca. 

Publicado el pasado viernes 
en El Independiente.

No hay comentarios: