lunes, mayo 13, 2013

PRIVATE WORDS


Creo que ha sido la primera vez que he asistido al pregón de la Feria del Libro de Cádiz. Y lo hice, entre otras cosas, porque la presentadora de la pregonera era M.A., que oficiaba por primera vez en público como periodista de El Independiente. Así que era un acto de cierta significación para nosotros, y me alegró que, sin que ello suponga rebajar el mérito de la pregonera, muchos amigos, e incluso uno de los representantes institucionales que intervino en ese acto inaugural -en concreto, el de los libreros- repararan en ese detalle.

M.A. estaba guapa: le sientan muy bien las gafas grandes que usa ahora, y que contrastan favorablemente con el óvalo de su rostro, más delgado por efecto de las extenuantes jornadas que conlleva el nuevo periódico. Y se la veía aparentemente serena, dueña de la situación. En su intervención dejó caer una discreta nota personal, que reflejaba bien lo que ahora pasa por su cabeza: dijo que la pregonera -autora de una sola novela, escrita en la madurez y objeto de un sorprendente éxito- probablemente se había sabido siempre escritora, aunque no hubiese dado antes ningún libro a la imprenta, y solamente se había limitado a esperar el momento oportuno para hacer aquello que estaba destinada a hacer. Muchos sabíamos -me refiero ahora a M.A.- que ése es exactamente su estado de ánimo respecto a la nueva empresa en la que anda metida, y que en su disfrute de la situación pesa más la consideración de que eso es justo lo que quería hacer en este momento de su vida, que cualquier cálculo timorato sobre los riesgos asumidos o la posibilidad de fracaso. Y a mí me gustó que pronunciara, como Eliot en un célebre y controvertido poema, esas private words adressed to you in public


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En el autobús había venido leyendo El precio, la antología de Jiménez Lozano que ha hecho E. Gª-M. para Renacimiento. No he leído todos los libros de J.J.L., pero tengo gran aprecio por los que conozco -sus Elegías menores, su diario Los cuadernos de letra pequeña, los artículos compilados en Ni venta ni alquilaje-, y debo decir que me gusta, posiblemente, por razones completamente opuestas a las que mi amigo E. aduce a su favor en el prólogo de esta selección. Cuando el autor contrapone Homero y los evangelios, por ejemplo, no creo que lo haga por otorgar una fácil victoria a la sencillez antiartística de éstos últimos frente al poderoso ejemplo retórico que suponen los poemas homéricos, sino porque efectivamente en su ánimo de lector existe la doble querencia hacia estos dos polos estéticos opuestos, y así lo constata. Porque, si no fuera así, quizá no estaríamos ante un verdadero poeta, sino ante un tratadista religioso, y no es ése el ánimo que respira la obra literaria de J.J.L., por mucho que sus seguidores parezcan apreciar sólo su declarada ortodoxia religiosa, y no la titubeante y bellísima manera de expresar poéticamente su concepción del mundo.

Tampoco creo que la arritmia que frecuentemente padecen los versos de J.J.L. obedezcan a un designio de evangélica pureza antiartística; más bien, reflejan lo contrario: la casi involuntaria tendencia a organizarse rítmicamente que tiene el discurso de un buen lector de poesía, incluso cuando no quiere constreñir su escritura a un cauce métrico. Quiero decir que lo sorprendente, en esta poesía fundamentalmente amétrica, no es que muchos versos no consten, sino que otros sí se ajusten, como por casualidad, a las expectativas del oído más tradicional, y que sean estos versos cumplidos los que, a la postre, remachen el conjunto.

Y es curioso que uno pueda disentir -o quiera disentir- incluso de quienes le recomiendan algo que, de antemano, a uno le gusta. Ganas de discutir.


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A esta joven escritora amiga le gustaría, me dice, publicar en las editoriales "normales" en las que gente como yo ha venido publicando hasta ahora sus libros. Y a mí, que soy consciente del estado de postración en el que ahora están la mayoría de esas editoriales, y las dificultades que tienen para adaptarse a unas condiciones distintas a aquellas en las que prosperaron -entre las que figuraba, todo hay que decirlo, un considerable apoyo público, en forma de subvenciones o compras institucionales-, más bien me apetece lo contrario: lanzarme a ese imprevisible mundo de la edición en editoriales "guerrilleras", casi siempre unipersonales, efímeras, que disponen del libro con el mismo desparpajo de quien hace collares y los vende luego en un mercadillo callejero... Pero supongo que lo que mi amiga quiere es anticiparse a su retrato de madurez, mientras que lo que yo anhelo, ay, es simplemente... envejecer un poco más despacio.

2 comentarios:

Enrique García-Máiquez dijo...

Querido JM, espero que no veas sólo ganas mías de asentir: concuerdo con esa lectura tuya de JJL. Y si esta tensión que dices, y que efectivamente está, no la sugiero yo en el prólogo, mal por mí. Seguro que está recogida en los poemas seleccionados, pues no espigué ni mucho menos a los poemas más ortodoxos sino que escogí bastantes donde JJL reconoce su condición de alma sometida a tensiones diversas. Gracias mil.

¡Enhorabuenas a M. A.!

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No, si el que tenía ganas de discutir era yo. Magnífica antología, por cierto. Un abrazo.