miércoles, junio 26, 2013

CORDERITOS

En realidad, todos participamos de la misma impostura, a falta -y menos mal- de un canon o escalafón que defina quién es cada uno, o certifique qué ha hecho cada uno para estar donde está o ser quien dice que es. Supongo que es algo connatural a las ciudades pequeñas, donde no hay verdadera concurrencia de talentos, y el primero que dice "Soy esto" o "Soy aquello" es creído sin más. Es incluso cómodo, si bien se mira. Pero qué onerosas se hacen, a veces, estas glorias impostadas. Y qué grotescamente risibles cuando, desde su equívoca posición, cometen un flagrante error, o quedan en evidencia, o desatinan... Alguien les podía haber ahorrado el trance, con haberles advertido a tiempo. Pero quién.

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"Corderitos" llama esta compañera a los rizos encrespados del mar. Me comenta que así se dice en su tierra. Y me cuesta creer que allá en el norte, acostumbrados a las mares bravas -no ya corderitos, sino rebaños de mamuts rabiosos- sean tan cursis.

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Y el caso es que, visto desde esta terraza reguardada, el mar encrespado por el levante tiene una cierta cualidad de paño acariciado a contrapelo. Azul de carne viva de un ser que  tuviera la carne azul.

Imagen: Carmen Bustamante: Negro mar (óleo sobre tabla).

2 comentarios:

gatoflauta dijo...

Desconocía lo de los "corderitos". Pero sí sabía que Unamuno, en la nota que acompaña al XXXI de los sonetos de su libro "De Fuerteventura a París", dice que "A las olas de espuma de alta mar se les llama borregos y también cabrillas; en inglés caballos de mar, sea horses; en francés moutons", a cuenta de la aparición de esa palabra, "borregos" ("Borregos de la mar", dice en el verso 9º), en el propio soneto.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Posiblemente mi interlocutora, vasca como Unamuno, use una variante infantil o maternal de esa figura. Agradezco el dato.