miércoles, junio 19, 2013

LUMINOTECNIA

Mientras espero el autobús, a primera hora de la mañana, me sobrevuelan dos flamencos. Pueden ser de los que tienen su cuartel general en los caños del Trocadero -y que, por tanto, son literalmente mis vecinos de al otro lado de la calle-, o de los que a veces hemos visto desde la carretera, en algunas de las muchas zonas de esteros que rodean la precaria franja litoral sobre la que vivimos, la que el día menos pensado será barrida sin piedad por el próximo tsunami... Vuelan a no mucha altura, con estilizada elegancia, como aviones a reacción que obraran el difícil milagro de mantenerse en el aire sin incurrir en velocidades supersónicas. Cuando están justo sobre nuestras cabezas, me da la impresión -claro que puedo estar equivocado- de que uno de ellos, el que vuela un poco por delante del otro y hace de jefe de la patrulla, ladea un poco la cabeza, quizá apuntando hacia abajo con el pico, y le dice al otro algo así como: "¿Has visto a esos de ahí?".

***

No es cierto que la timidez mejore con la edad: si acaso, se hace más hosca, porque, mientras que el tímido joven, cuando está acompañado, sufre por no encontrar palabras para mantener una conversación, el tímido maduro sufre más bien por lo contrario: al comprobar que es su acompañante ocasional el que no ceja en el intento, sin la menor consideración hacia las leyes que imperan en ese terreno tan dificultosamente ganado para el disfrute propio: el silencio de uno.

***

Nadie me ha dicho nada de lo que dije o dejé de decir en la dichosa entrevista. Pero a todos les ha llamado la atención que, para la ocasión, vistiera un polo rojo. No sé si porque el color resulta especialmente llamativo bajo la luminotecnia televisiva; o porque, en ese medio, lo único que importa es eso: la apariencia.

No hay comentarios: