martes, junio 04, 2013

MUTIS FINAL

No hay vida que no tenga su misterio, y quizá lo que evita que la cotidianidad se parezca a una sucesión ininterrumpida de revelaciones sorprendentes, a la manera de un mal melodrama, es que la dosificación de esa información depende del azar, y no de un guionista más o menos hábil, que gradúe sabiamente las sucesivas revelaciones y conduzca las historias a sus respectivos desenlaces... Pienso en estas cosas tras la muerte de mi pariente P., al que me unía una especie de cariño distante, respetuoso, entreverado de un difuso pero no por ello menos patente reconocimiento mutuo de ciertas coincidencias de carácter y circunstancia -sobre todo, el hecho de que ambos mantuviésemos, aunque por motivos muy distintos, una parecida posición marginal respecto al núcleo donde  más se espesaba la trama de afectos, contactos y relaciones que constituye la familia- que podíamos atribuir a nuestro parentesco de sangre... Con su  muerte, se ha destapado una de esas no tan sorprendentes historias de afectos desviados y clandestinos que existen en casi todas las familias, y cuya repentina revelación suele derivar en drama. Sólo que, en este caso, el inevitable desenlace llega cuando ya la edad de la mayoría de los implicados, y el relativismo que ésta impone a las pasiones, ha hecho que la cosa quede en una mera anécdota que los parientes del difunto comentamos con una mezcla de asombro y divertida complacencia. Cosas de la vida, nos decimos. Y hay quien me anima incluso a indagar en los detalles y escribir los pormenores de esa vida finalmente desvelada. Pero no, de momento. Tendrá que sedimentarse esa historia para que al menos una parte de su trama termine concerniéndome lo suficiente como para moverme a escribirla. Tampoco lo descarto.

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Acaso cuando la muerte incluye ese elemento final de reconocimiento y desenlace, uno la asume con la naturalidad con la que los actores pronuncian las frases finales de sus dramas, antes de que caiga el telón. Lo que duele, supongo, es que te saquen de escena sin haber dicho esas frases, o sin haber interpretado airosamente el mutis final. 

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