lunes, junio 10, 2013

NI LO UNO NI LO OTRO

Más que resaca, era dispepsia; pero la equivalencia moral era la misma: el precio que se paga por ese momento de abandono de uno mismo en el que se cede a la ilusión de la sociabilidad fácil, la confianza sin reservas, las efusiones nocturnas. Que lo mismo se materializan ante unas copas que ante una mesa bien surtida (y ya no tiene uno aguante ni para lo uno ni para lo otro).

***

Sólo en una cosa podemos estar de acuerdo: en el descontento; pero resulta que lo que causa el descontento de uno, al otro no le parece mal; y viceversa.

***

Aunque puede que, después de todo, quien tenga razón a estos respectos sea Leopardi, que dejó dicho que, siendo la infelicidad la condición natural del hombre, atribuir ésta a la acción de tales o cuales gobernantes no deja de ser una burda maniobra de autoengaño... Lo que me hace pensar en lo que escribieron otros ilustrados cuando, al redactar el preámbulo de la constitución norteamericana, dejaron bien claro que aquello de lo que somos titulares no es el derecho a la felicidad, sino el de intentar procurárnosla (the pursuit of happiness). Y hay épocas en los que ni siquiera el derecho a esa ilusión parece asegurado.

No hay comentarios: