jueves, junio 20, 2013

PISAR LA LUNA

A Neil Armstrong, el primer hombre que pisó la luna, la posteridad quiso tergiversarle la frase histórica que pronunció al efecto. Más fácil lo tuvo el marinero onubense Rodrigo de Triana, que a la vista de un nuevo continente no tuvo más que decir: “Tierra”... Armstrong era consciente de que lo que dijera quedaría grabado en las cámaras de televisión, así que pronunció una frase campanuda: “Un pequeño paso para el hombre –entendió todo el mundo–, y un gran paso para la Humanidad”. La frase se ha repetido hasta la saciedad, pero su autor, como se ha aclarado estos días, siempre afirmó que ésas no fueron sus palabras exactas, y que, donde todo el mundo creyó oír “el hombre”, él sólo dijo “un hombre”. Cuarenta y tres años han tardado los expertos en darle la razón: en el habla coloquial americana, es frecuente que la frase for a man –“para un hombre”– suene a algo parecido a fra man; lo que los oídos predispuestos a los grandes dichos de ocasión –los de todo el mundo, al fin y al cabo, pues nadie quiso privarse de este pequeño empacho de gloria compartida– interpretaron como for Man: para el Hombre, con mayúsculas, como conviene a los dichos de mucho empaque.

Se alegra uno de que los fonetistas de hoy hayan dado la razón por fin al atribulado astronauta, que no había querido postularse como representante del Hombre abstracto, del género humano como borrosa entidad sin cara ni nombre; sino que optó por la impersonalidad, que es siempre signo de modestia:“un pequeño paso para uno”, quiso decir. Y ha hecho bien en no bajarse del burro. Porque lo otro, lo de poner al Hombre por delante del hombre concreto, particular, ha sido la gran coartada de todas las barbaridades y crímenes cometidos en ese terrible siglo veinte del que pocas cosas salvaríamos, en fin, más allá del poético logro –tocar la luna, si no con las manos, con los pies– de aquel lejano Apolo 11.

Publicado el pasado viernes en 
El Independiente de Cádiz

1 comentario:

Anónimo dijo...

Es todo una poética; al final es más emocionante, pues al decir "un hombre" está diciendo que aquí "uno" (como bien dices) no es nadie. (neide, que hubiera dicho un gadita). jaime