lunes, julio 01, 2013

TOMATES

Ventajas de la vida de casi reclusión que lleva uno: me sacan un día, me llevan a dos o tres sitios en los que nunca antes había puesto el pie, o que ni siquiera existían la última vez que salí, y la ciudad me parece otra, y otras sus gentes, por mor de esa sutil variación que cada pocos meses experimentan las querencias de la corriente humana que frecuenta las calles. Voy por mi propia ciudad como un turista asombrado. Y siento una nostalgia no sé de qué: de la vida más movida que acaso podría llevar, si me lo propusiera; o de la imposibilidad de estar al tanto de todos esos cambios, que sugieren que la realidad va un poco más aprisa que la propia capacidad de asimilación; o acaso de un mayor celo en el mantenimiento de ese retiro hoy inopinadamente roto, a cambio de esta inconcreta apetencia de otra vida posible... 

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Escritores a racimos y, por así decirlo, concatenados. Como esos tomates en rama que venden en el súper, y cuya gracia radica en que todos penden del mismo pedúnculo incomestible.

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C. ha alcanzado la mayoría de edad, al mismo tiempo que ha culminado airosamente sus estudios en el instituto. La importancia de los ritos de paso. Y esa conciencia clara de que la recién ganada independencia implica también un cierto desamparo inevitable. Por ahora se la ve exultante, y eso es lo que importa. En términos de economía biológica, uno cumplió ya su papel. Lo que queda, que es mucho, se presenta más bien bajo el menos noble aspecto de mera subsidiariedad económica y logística. Afectiva también, por supuesto, pero desde una difícil relación entre iguales que habrá que saber construir. Nuestras respectivas soledades, si acaso, son ahora un poco más parecidas. Y yo que me he pasado la vida diciéndole que lo importante era tener recursos para sobrellevar -y para compartir, si se quiere- esa soledad esencial, ya fuera leyendo, paseando, disfrutando de un paisaje, escribiendo una página o, como parece que va a ser el caso, pintando... Me pregunto si eso era lo que me correspondía decir, y si el propio ejemplo -a la vista está- no será, más bien, un elocuente desmentido de esa doctrina... 

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