jueves, julio 04, 2013

UN CHICO QUE LEE

El chico que ha sacado la nota más alta en la selectividad madrileña, cuentan los periódicos, es lector de Manuel Chaves Nogales. Es un dato llamativo, aunque quizá no tanto si entendemos que el chaval, por lo que sabemos de su familia, debe de haberse criado en un ambiente de curiosidad intelectual y con fácil acceso a los recursos que satisfacen e incrementan esa curiosidad. Está bien, y hay que felicitarlo, porque también hay chicos que, contando con esas mismas posibilidades, viven su adolescencia como una guerra sin cuartel contra todo lo que representan sus progenitores, y normalmente salen muy mal parados de esa pugna. 

Pero lo que me llamaba la atención es la mención a Chaves. Hace apenas unos lustros muy pocos españoles conocían a este brillante periodista, que fue director del diario madrileño Ahora en tiempos de la República y abandonó su cargo, como él mismo dejó escrito, el mismo día en el que los dirigentes de esa república abandonaron la capital. Sin abjurar lo más mínimo de sus convicciones democráticas, lo que escribió desde el exilio era tajante respecto a la realidad que acababa de dejar atrás: ganara quien ganara la guerra, ninguno de los dos bandos representaba ya la democracia y la justicia. 

Se entiende que, por pensar de esa manera, durante decenios nadie quisiera reivindicar la figura y la obra de Manuel Chaves Nogales: a los franquistas no les servía, por supuesto, porque Chaves nunca se hizo ilusiones respecto a lo que representaba la victoria de ese bando; y a los del otro tampoco, porque su denuncia de los desmanes cometidos en la retaguardia republicana resultaba cuanto menos inoportuna. Baroja se lo advirtió en su día: “Nosotros acabaremos pobres en una buhardilla de París”. La profecía del vasco se cumplió a medias: fue Chaves quien murió pobre y solo en el exilio. Hoy lo recuerda un estudiante curioso e inquieto. Es casi una resurrección.

Publicado el pasado viernes 
en El Independiente de Cádiz

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