viernes, agosto 23, 2013

GATEAUX MAROCCAINS

Este tendero se enorgullece de ser nieto de uno de los hombres de confianza de El Raisuli o Raisuni, el jefe tribal que decía ser descendiente del profeta -y heredero legítimo del trono marroquí-, pero al que tanto las autoridades locales como las potencias extranjeras con presencia en Marruecos a principios del siglo XX consideraban un simple bandido. Tras su salto a la notoriedad internacional por el secuestro en Tánger de unos ciudadanos americanos, y la consiguiente llegada de una escuadra norteamericana a Tánger para presionar al sultán, El Raisuni ocupó diversos cargos en la administración marroquí, de los que sería pronto depuesto, para ser de nuevo rehabilitado... En una de esas fases se hizo construir en Asilah -en la ciudad se dice que fue un regalo de los españoles- el palacio que actualmente lleva su nombre. En esa época de su vida El Raisuni no era ya el feroz azote de los ocupantes de Marruecos que había sido en otros tiempos, y confiaba en que la alianza con España le devolvería el control de los territorios dominados por el rebelde Abd el-Krim, que finalmente lo capturó e hizo que lo mataran... Nuestro interlocutor tiene en la pared de su tienda un recorte de periódico que muestra una foto de El Raisuni flanqueado por un militar español a su derecha y por algunos de sus hombres de confianza -entre ellos, el abuelo del tendero- a su izquierda. Nos muestra también una edición francesa de Le Maroc Disparu, el libro del periodista y aventurero británico Walter B. Harris, de cuya fastuosa mansión en Tánger todavía se hace eco nuestro Ángel Vázquez cuando recrea los recuerdos de su Juanita Narboni... "Sobre estas cosas todavía no se ha dicho toda la verdad", nos dice el tendero, que alude también a la nonata República del Rif por la que luchó Abd el-Krim, y del silencio que existe todavía en Marruecos en torno a la figura del caudillo rifeño y del propio El Raisuni; por más que sobre éste, como comentamos en tono de broma, exista una película -El viento y el león, de John Milius- en la que lo encarna nada menos que Sean Connery. "Mucho más guapo", le decimos al tendero, señalando la foto, que el personaje real; a lo que nuestro interlocutor responde que todo depende de la barba, y que en esa foto El Raisuni la lleva muy poblada... Terminamos la visita comprando unas latas de tónica, con las que esa noche aviaremos unos gin-tonics con la botella de ginebra que hemos adquirido en la tienda duty-free del transbordador. Los dulces del día -los gateaux maroccains que anuncia un cartel escrito a mano y pegado en la puerta del bakalito o modesta tienda de alimentos- se han acabado. Y allí dejamos a este hombre, sumido en sus propios sueños de otros tiempos más heroicos, en los que un hombre como él quizá no hubiera estado detrás de un mostrador, sino en alguna dependencia del mamotreto de cemento y cal que los españoles levantaron a mayor gloria del jefe de su abuelo; o, mejor aún, cabalgando por las montañas rifeñas, con una rubia americana atada a su silla. 

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