miércoles, agosto 14, 2013

SARDINAS

El olor a sardinas en la casa, después de un gratísimo y algo temerario almuerzo de verano, es como el peso de la mala conciencia después de determinadas expansiones de las que sería falso decir que uno se arrepiente, pero de las que consuela pensar, aunque sea mentira, que uno no volverá a entregarse a ellas.

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¿Alguna vez fuimos así: sucios, impúdicos, apegados a lo que ciertas subculturas tenían de provocación más o menos gratuita, frívolos e irresponsablemente autodestructivos -ma non troppo? En cualquier caso, sería exagerado decir que Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón es un retrato generacional. A lo sumo, es una foto movida de ciertas zonas marginales de ese hipotético retrato de grupo... Lo nuestro -redichos, afectadamente melancólicos y siempre un tanto desbordados por la realidad- se parecía más, ay, a lo que se muestra en Ópera prima, por no mencionar -a eso jugamos más tarde, y a destiempo- el abierto cinismo curado de espanto que exhibían los protagonistas de Tigres de papel. Nuestra mala conciencia contada -y mal- en tres malas películas... 

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Sin embargo a C. le ha gustado la exposición permanente de los Costus -la serie titulada Valle de los caídos- que han abierto en Cádiz, y que fuimos a visitar el otro día. Entre los de su generación vuelve a llevarse aquella estética desastrada y pedorra de los años ochenta, que les ha llegado en parte gracias a cierto reality protagonizado por personajes de la época. Fabio McNamara, me dice ella, es ahora pintor, y lo que hace no deja de tener su gracia... Bueno. Todo vuelve, y las modas tienen un ciclo vital tan corto que es inevitable asistir, en el curso de una sola vida, a tres o cuatro resurrecciones de una misma estética. Más me intriga saber qué impresiones ha dejado en ella la película de Almodóvar antes mencionada, y que, en un acto no del todo coherente con la distancia moral que se supone que un padre debe asumir respecto a la natural fase iconoclasta de sus hijos, he visto con ella... ¿Le parecerán todas estas barbaridades dignas de ser, si no imitadas -nosotros tampoco nos atrevimos a tanto, o sólo en cierta medida-, sí ensalzadas y admiradas? En el coche todavía escuchamos a Lou Reed y su Venus in Furs. ¿Somos una generación sin norte? ¿Unos viejos que no se resignan a envejecer? ¿Qué piensan ellos de nosotros?

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Anotar, en fin, que he pasado buena parte del verano yendo y viniendo al dentista no hace más que empeorar las cosas.

3 comentarios:

Sara dijo...

José Manuel, ¿hay algún buen retrato de nuestra generación en el cine español que puedas recomendar? Probablemente ya has escrito alguna que otra entrada sobre este tema mientras escribías Ronda de Madrid, pero ahora no puedo localizarla (y con más de 200 entradas sobre cine me puedo llevar un buen rato buscando... :). Gracias.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Las tres mencionadas lo son, con las salvedades indicadas. Especialmente, ya digo, 'Ópera prima', que refleja bien la melancólica diferencia que ya se empezaba a notar entre quienes habían tenido su educación sentimental en las postrimerías del franquismo y quienes tenían otros referentes. A mí me gusta, más allá del disparatado argumento, 'Laberinto de pasiones', porque refleja bien el clima callejero del Madrid de aquellos años -la escena inicial en La Bobia y el Rastro es antológica-. Ninguna, desde luego, enuncia el tema generacional de un modo tan explícito -y lírico- como, en el caso inglés, 'Los amigos de Peter'. Falta en el cine español una película como ésa. Digo yo.

Sara dijo...

Gracias, José Manuel!