jueves, septiembre 12, 2013

A RACHAS

Vienen los de la tele a casa, por lo del premio. Avisados por una llamada previa, hemos quitado de en medio los trastos, alisado los cojines, recolocado los centros de mesa. Son apenas las cuatro de la tarde y uno, desde que le dieron la buena nueva, anda en una especie de estado febril. Las buenas noticias -las que tienen a uno como protagonista, no las que afectan a otros, que son las que se viven con una alegría no exenta de serenidad- causan el mismo efecto fisiológico que si, pongamos, le comunican a uno que un camión acaba de arrollar el coche que tenías aparcado en la acera: no es una tragedia, porque nadie ha resultado lastimado, pero, en tu fuero interno, te queda como una especie de desazón, de sensación de momentáneo desajuste con la realidad, que normalmente transcurre sin accidentes ni novedades. Para colmo, de pronto te llama un extraño -en este caso, una agencia de noticias- y uno se ve obligado a inventar un discurso. "Explícanos en qué consiste el libro premiado", te dicen. Improvisas, dices que es un libro escrito después de un largo intervalo sin escribir poesía, porque la poesía en general suele presentarse así, de forma discontinua... Ya está, ya les has dado el titular: "José Manuel Benítez Ariza, que se define a sí mismo como poeta a rachas...". La frase se ha centuplicado en la Red, y le deja a uno pensativo. Toda la vida escribiendo poemas -discontinuamente, eso sí- para esto... Y son los amigos quienes te sacan de tu estupor. Sus felicitaciones te animan, te hacen sentirte en medio de una gratísima espiral de afectos, en la que comparecen amigos y conocidos de ayer y de hoy, lectores conocidos y anónimos, gentes de la literatura y gentes de esa otra vida que sólo tangencialmente toca la literatura... 

Pero hablaba de los de la tele. M.A. y C., oportunamente, se quitan de en medio. La gata le bufa a la periodista -que es también, miren por donde, una vieja conocida, a la que no veía desde hace treinta años- y el cámara apenas encuentra sitio para situarse. En mi casa no hay espacio para estas vanidades. Por fin, empujando una mesa, quitando sillas y reubicando un butacón en el espacio ganado, consigue la distancia necesaria para enfocarme. Y es verdad que la televisión favorece: por lo que veo después en el informativo, mi modesta casa, reducida a una semipenumbra en la que se entrevén muchos libros, ciertamente parece la casa de un escritor. De un escritor de los que salen en la tele, quiero decir. Y, bueno, uno ya ha tenido tiempo de pulir el discurso, y ya soy capaz de contar que el libro tiene como hilo conductor la mirada de un paseante que no se ha despojado del todo de su capacidad de asombro, y que recorre una ciudad que a veces es real -Londres, Madrid, París visto por los ojos de C.- y a veces una suma de muchas ciudades; y que la técnica imaginista empleada incluye un guiño consciente a las vanguardias históricas, y que uno no suele presentarse a premios, pero... Y ahí queda la cosa.

3 comentarios:

Sara dijo...

¡Muchas felicidades, José Manuel!

Santiago dijo...

Enhorabuena por el premio. Y que sean muchos más.

gatoflauta dijo...

Nada sabía del premio, del que me entero leyendo esto (y, curioseando de inmediato por la red, del premio que es). Enhorabuena. Y ojalá esa comprensible sensación de "desajuste" desaparezca... por la costumbre, quiero decir, porque haya más ocasiones como ésta.