martes, septiembre 24, 2013

METÁFORAS



Seguro que a más de uno esto de escribir en un avispero (véase la entrada de ayer) le parece una mala metáfora de los tiempos. Y con las malas metáforas pasa lo que el dicho asegura que pasaba con los trenes baratos: invitan al aprovechamiento fácil. Pero no se sabe a dónde te pueden llevar.

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Le comento a una compañera que vengo de acompañar a C. a la estación, y casi se me echa a llorar al evocar sus propias vicisitudes con las hijas que tiene estudiando por el ancho mundo. Tanto ella como yo somos conscientes de que este sacrificio autoimpuesto obedece, por qué no decirlo, a un reflejo pequeñoburgués: el prurito de que los hijos estudien, cueste lo que cueste, y que lo hagan, no en la escuela que está al lado de casa, sino en el sitio que dicten las circunstancias y pretensiones de cada cual. Probablemente seamos una de las últimas generaciones que habrán de pasar por esto: la crisis barrerá del mapa (ya lo ha hecho, o está a punto de lograrlo) a la pequeña burguesía, a la clase media asalariada y con estudios, a todo lo que servía de cojín amortiguador entre la rapacidad de las clases altas y la pasividad más o menos imprevisible del resto de la población. Los hijos de nuestros hijos simplemente no podrán plantearse las metas de sus padres y abuelos. Ni siquiera ellos -nuestros hijos- tienen asegurado el resultado de tantos esfuerzos. Los lanza uno a la aventura -y me parece que por ahí van lo sentimientos encontrados de mi compañera- sin la certeza de que alguna vez vuelvan para ejercer la carrera aprendida cerca de nosotros. Y ni siquiera estamos seguros de que ese eventual regreso sea deseable, porque para lo que van a encontrar... 

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Quienes creen que en estos tiempos se respira más libertad que nunca, que miren a su alrededor y busquen al Goya presente que se atreva a pintar un cuadro equivalente, hoy, a lo que fue La familia de Carlos IV hace doscientos años.

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