miércoles, septiembre 18, 2013

MOLINOS DE VIENTO

Casi no me quedan ya compañías de telefonía móvil con las que pelearme. Uno no es un Quijote, desde luego. Pero no será por falta de molinos de viento.


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Ningún lector alcanza, respecto a un texto de uno, el grado de intimidad al que llega el corrector de estilo que lo revisa por primera vez. Pero, más que amorosa, esa intimidad es de tipo clínico: la del médico que ha hurgado en tus entresijos en busca, pongamos, de un bulto sospechoso. Y que, una vez extirpado este, no por ello va a querer saber más de ti o de tus intereses. A otra cosa, mariposa.


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Hay media docena de asuntos sobre los que considero inútil discutir, por la imposibilidad absoluta de encontrar puntos de acuerdo entre las posturas en liza. Uno de ellos, por ejemplo, es la eterna polémica entre los partidarios y detractores de las corridas de toros. Otro (perteneciente a un ámbito exclusivamente laboral), la posible superioridad de la pedagogía constructivista sobre la cognitiva, o viceversa... Y uno más, que se viene a sumar a la lista, y sobre el que prometo no decir ni pío de ahora en adelante (como tampoco suelo hablar nunca de los anteriores), es la dichosa cuestión sobre si los catalanes tienen derecho o no a votar para decidir su separación del resto del estado. Y no es que uno no tenga sus ideas al respecto. Pero exponerlas sólo puede servir -lo he visto ya en otros- para conseguir el aplauso de quienes no necesitaban mi explicación para convencerse de lo que en ella intentaba argumentar; y para ser abucheado por quienes, argumentase yo lo que argumentase, tampoco iban a dejarse convencer por un oponente. Así que... 

1 comentario:

Amando CARABIAS MARÍA dijo...

Sólido argumento. En el fondo lo de este tipo de asuntos (hay alguno más, aparte de las tres que citas o la media docena que indicas) es como luchar contra molinos de vientos