jueves, septiembre 26, 2013

NEUROSIS


También K. anda meditabunda, y casi no recuerdo ya desde cuándo no viene a hacerme compañía a la habitación donde trabajo. Tal vez tiene miedo a las avispas; aunque, bien mirado, lo raro es que no haya intentado cazar alguna, como hace siempre que algún insecto intruso -y no sólo insectos: también pájaros y salamanquesas- se cuela en la casa. Esta desgana es un síntoma inconfundible. Echa de menos al resto de la manada, es decir, a M.A. y a C. Aunque, tratándose de gatos, que son animales individualistas por naturaleza, no sé exactamente en qué se traduce esa añoranza. Quizá me bastaría (yo, que también hago profesión de individualismo) con hacer un poco de introspección...

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Una compañera me pone tras la pista de una misteriosa biblioteca desasistida. Al parecer, su antiguo dueño la ha dejado en un piso que acaba de vender, y el nuevo propietario quiere deshacerse de ella. Nos dice que "a lo mejor hay algún libro que podamso aprovechar, entre los menos deteriorados", por lo que uno se imagina, o bien que la biblioteca está aquejada de esa clase de lepra que los poco leídos creen ver en los libros viejos, o bien que abunda en libros raros y curiosos, como los que todo bibliófilo sueña encontrar. No será ni lo uno ni lo otro. Posiblemente, sólo los libros predecibles y prescindibles de un profesor retirado (ése era, al parecer, el oficio de su antiguo propietario). De momento, me han dado un misterioso número de teléfono móvil al que he estado llamando infructuosamente toda la mañana, y del que me la operadora me informa que se halla "apagado o fuera de cobertura". A lo mejor todo esto no es más que una broma. Pero seguiré insistiendo, por si acaso, no tanto por codicia de bibliómano como por un extraño deber de... ¿piedad?

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Un inesperado compromiso literario me obliga a hacer un viaje poco menos que relámpago durante el fin de semana. Planeo cuidadosamente todos los detalles. Y sólo me queda una incógnita: la de no saber con seguridad si lograré hacer el traslado de Atocha a Chamartín en el breve intervalo del que dispongo para el transbordo. Sé que cualquiera a quien consulte atribuirá mi preocupación a la neurosis. Pero la verdad es que el dichoso transbordo se ha convertido en el asunto principal del viaje; y todo lo demás -incluyendo el compromiso literario de marras- se ha convertido en algo muy secundario... Por algo me dicen que no sé disfrutar de las cosas. O a lo mejor sólo sé disfrutarlas de este modo, quién sabe.

1 comentario:

Santiago dijo...

Hay una interesante historia por contar en ese hecho de la biblioteca. Me parece muy sugerente para escribir una ficción.