martes, septiembre 03, 2013

SERVIDUMBRES

De una cosa parece que me voy a librar este año: de la servidumbre (grata) del artículo semanal. Decir esto después de treinta años publicando columnas en media docena de periódicos regionales -sin contar mi reseña mensual en El Cultural- suena... no sé..., como a jubilación anticipada. O a una declaración abierta de orfandad. Siempre he dicho que la obligación de escribir una columna es el mejor ejercicio posible para un escritor, su más exigente escuela de estilo, su prueba de fuego periódica ante sus lectores. Siempre, claro está, que uno cuente, como ha sido el caso en casi todos los medios en los que he trabajado, con la patente de corso que los periódicos suelen conceder a sus articulistas de origen "literario", no sujeta a otra condición que el logro de un cierto entendimiento constatable con los lectores... A partir de esa premisa de libertad, en una columna cabe casi todo: desde la narración sobreentendida que fundamenta la existencia del personaje que habla en los artículos de uno hasta la pura emoción, pasando por la ironía o la mera enunciación de lo que a otros pasa desapercibido. Un lector me preguntaba ayer, después del paréntesis vacacional, cuándo reanudaba mi columna. Le dije que eso pasó a la historia. No me quejo. Gano una tarde, la que antes dedicaba a escribir estos artículos, para mí, para este diario íntimo, para mis ejercicios más o menos solipsistas. Aunque las mejores columnas -lo he dicho siempre, y en ello me ratifico- eran las que salían en veinte minutos...

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