martes, octubre 22, 2013

DISPERSAS

Luces dispersas en el mar, casi en el horizonte, que en este amanecer despejado aparece increíblemente próximo. La lógica me dice que deben de ser pescadores, pero casi cuesta pensar que el único afán de quienes ocupan esas barcas distantes sea atrapar peces. Más bien parecen ocupados en alguna clase de ritual; como si, en el instante justo en el que el cielo nocturno se transmuta en claridad diurna, quisieran emular la disposición de los astros que hasta ese instante han dominado el firmamento. La ciudad, vista desde donde están, seguramente también se muestra hermosa y como distraída de sus afanes cotidianos, empeñada en una inútil composición luminosa que el día acabará por disolver. Y qué poco cuenta la pereza de uno, el vago resentimiento de quien conserva todavía en sus miembros una brasa de sueño que se resiste a diluirse en la forzosa vigilia. También alguno de esos pescadores, puede que aterido de frío y sueño, estará maldiciendo su destino. Y, sin embargo...

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