miércoles, octubre 23, 2013

ERRORES DE CÁLCULO

Me pregunto si este primer temporal de otoño habrá espantado definitivamente a las avispas que en las últimas semanas se congregaban en mi ventana e invadían mi estudio; o si, escondido en algún receso del muro o en la propia cámara de aire de éste, a la que habrán accedido a través del hueco de las persianas, el avispero, indiferente tanto a mis esperanzas como a la furia desatada de los elementos, sigue creciendo.


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A este panfleto que acaban de poner en mis manos le pasa lo que a todos los panfletos: sus intenciones son muy loables, pero casi inalcanzablemente generales; y en los detalles (ay, los detalles) se ve la cortedad de miras del interés inmediato. Además, está pésimamente redactado... Para que luego me acusen de desinterés hacia estas cosas.


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A veces lo que más asusta de la soledad es lo confortable que resulta.


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No soy envidioso, pero, si me viera constreñido, como Michael Corleone en la última entrega de El Padrino, a una confesión general, el primer pecado que confesaría no sería exactamente la envidia, pero sí un cierto temor culpable a ceder ante su posibilidad, siempre presente y alentada por las propias frustraciones -casi todas ellas debidas a flagrantes errores de cálculo- que uno acumula.

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