jueves, octubre 10, 2013

NOTTING HILL

Entre los mejores ratos que hemos pasado últimamente destacan los que han tenido como escenario la barra de este restaurante que regentan unos amigos. Hace meses que no podemos permitirnos disfrutar de las delicias de la carta con la frecuencia que quisiéramos, pero todavía nos podemos gastar algunos euros en tomar cañas en la barra, donde se congrega buena parte de la gente que conocemos en el pueblo. A veces, al calor de la compañía, urdimos bromas chuscas, de taberna, como la que dio lugar a que "multáramos" el coche de J.A.M., que estaba mal aparcado. En el reverso de una de las hojas del cuaderno de comandas del encargado redacté apresuradamente la "denuncia", sin olvidar el importe de la sanción y el plazo para satisfacerla. No he dicho todavía que en esta parte del pueblo, donde no creo que sea ninguna presunción decir que debo de ser la única persona que ha leído El Napoleón de Notting Hill, andamos bastante afectados del curioso síndrome que, en la novela de Chesterton, lleva a los distintos barrios de Londres a independizarse y a constituirse en ciudades-estado... Aquí proclamamos hace unos meses la independencia del barrio y, entre vítores y brindis, nombramos a las nuevas autoridades; a mí me tocó en suerte el cargo de jefe de la policía... Así que, en cumplimiento de mis obligaciones, procedo a colocar la multa bajo el limpiaparabrisas del coche de nuestro amigo, mientras S., el encargado del restaurante, inmortaliza el gesto en una foto... Inmediatamente alguien llama a la puerta de J.A.M. para anunciarle la contrariedad, y éste se traga la bola y sube de su estudio, que está dos plantas más abajo, casi sin resuello, temeroso de que una de las muy espaciadas visitas de la Guardia Civil al pueblo -el cuartelillo se halla en la población vecina- se haya traducido en una multa. Al comprobar la broma y verse objeto de las burlas de todos los presentes, se suma al jolgorio y satisface parte de la sanción, consistente en el pago de una ronda... 

Y así pasa el tiempo. Entre bromas y veras, hemos dejado ya medio planeado el próximo mercadillo de pintura, que tendrá lugar en diciembre, y que incluirá también un acto literario. Ya quisiera yo que toda la actividad "seria" que me traigo entre manos transcurriese en esta atmósfera de alegre intrascendencia, sin agobios inútiles, sin pretensiones desmedidas, sin dependencia de ninguna instancia superior, pública o privada. Sin habérnoslo propuesto, los aquí congregados parece que estamos alcanzando un grado de civilidad que nada tiene que ver con el que rige en los ámbitos en los que normalmente nos movemos. Puede corromperse, qué duda cabe, o estropearse. Pero no parece que eso vaya a suceder mañana. 

No hay comentarios: