martes, octubre 29, 2013

UN POETA

De haber vivido en otro lugar y otro tiempo, el poeta en ciernes que fue Lou Reed en sus años universitarios a lo mejor no habría optado por dar a conocer sus composiciones a través de una banda de rock. Vista con la debida distancia, The Velvet Underground nos parece eso: uno de esos tinglados inesperados en los que acaban envueltas gentes que tenían una clara voluntad de encontrar un medio de expresión, pero que lo mismo podían haber terminado pintando que haciendo performances o fanzines o cualquier otra cosa, en aquellos años en los que todo valía, o eso parecía. El papel de Andy Warhol no fue otro, seguramente, que el de dar entidad artística a ese impulso más o menos informe. Pero lo que está claro es que el poeta Lou Reed no dejó nunca de serlo por el hecho de haber entrado en la cadena de intereses que conforman la industria del rock. No es que careciera de talento musical -sus baladas, por ejemplo, no dejan de tener, musicalmente hablando, una melancólica belleza-, pero está claro que la estructura musical de sus composiciones no tenía otra función que resaltar la inteligibilidad y comunicabilidad de las letras, de las historias y mensajes que portaban esas letras. Algunas, sí, se nos han vuelto incómodas con los años: cómo soportar hoy con una sonrisa impávida el mensaje de autodestrucción que transmite "Heroin", por ejemplo; o cómo tomarse en serio el sadomasoquismo de atrezzo que se predica en "Venus in Furs". Otras canciones, muchas, sí han ido ganando con el tiempo: todas las que componen esa especie de ópera desesperada que es Berlín, o la muy conocida, pero puede que no del todo bien entendida, "Walk on the Wild Side", que no es un canto cínico a la marginalidad, sino un melancólico homenaje a alguna de las criaturas que se quedaron en el camino en la loca época que a Reed, como a otros, le tocó vivir. También cuenta uno, entre sus favoritas, con la desgarradora "A Perfect Day", que rara vez he oído sin experimentar esa sombra de sinsentido que nos asalta incluso cuando menos motivo parece haber para acusarlo. También me quedo con la mayor parte de su etapa madura, con álbumes como New York o Magic and Loss, que en su día oíamos con un punto de ironía, como si costara tomarse en serio esos alardes de madurez y sentido común en alguien que apenas unos lustros antes predicaba el más absoluto nihilismo; aunque esa ironía, quizá, no iba tanto dirigida al cantante neoyorquino, que tenía todo el derecho del mundo a evolucionar con los años, como al nihilista irredento que todavía coleaba -y colea a veces, ay- dentro de uno.

Los poetas de mi tiempo harían bien en reconocer lo que deben a este compositor. La poesía del realismo urbano, que tanto costó aclimatar en este país, tiene entre sus padres, no sólo a Jaime Gil de Biedma, Manuel Machado y algunos modernistas tardíos, sino también a toda esa poesía de la cotidianidad que nos llegó a través de la música que escuchábamos, y uno de cuyos padres, si no el más destacado, es precisamente Lou Reed. 

Descanse en paz.

2 comentarios:

Mr Quaker dijo...

Me gustaría saber cuántos se engancharon a la heroína en España influidos por ‘Heroin’ de Lou Reed. Yo me acuerdo de un par de ellos.

Miguel Ponte dijo...

Lou, era otra mariposa de la moda de su pais...
El efecto del imperialismo norteamericano subrayando su estatura...
Este feo , y desingeneo, "slogan" GLOBAL VILLAGE" , SIGUE SIENDO EL OPIO DE NUESTRA EDAD , el humo sobre los ventanales , el disfraz de los homogenos erectus, los "automatons" "eu jour", May the Gods take a walk on the wild side...(Miguel A. Ponte, Tasmania)