martes, noviembre 05, 2013

REALIDADES


Hay pensamientos que empequeñecen, por lo mismo que hay un no-pensar por el que el viejo utillaje mental se orea y se abre a la realidad circundante por la única ventana posible, que es la mirada. Basta con abrir bien los ojos, que es tanto como darle su oportunidad a la imaginación. 


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Quizá por eso me apetece ahora hallarme en medio de un bosque -por ejemplo, el encinar que se extiende ladera abajo a la derecha de la vereda que rodea el Parral, en Benaocaz- y detenerme en uno de esos espacios delimitados por la confluencia de cuatro o cinco árboles que entrelazan sus ramas y crean una ilusión de reclusión. Alrededor, ese clamor de que está hecho lo que llamamos el silencio del campo: rumor de fronda, cantos de pájaros, ladridos lejanos. Y esperar.


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La verdadera realidad no está ni dentro ni fuera: está en lo de dentro cuando uno lo encuentra fuera, no sé si me explico.


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No es que la crisis -añadamos un toque de irrealidad- haya terminado: es que quienes han cimentado sus fortunas con ella creen llegado el momento de hacer caja. 

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