jueves, diciembre 19, 2013

ARCANOS

Después del extermino, o de la consiguiente huida tras el intento, del enjambre de abejas que había anidado en la cámara de aire de nuestro muro, hemos venido recibiendo durante días la visita de lo que me parece que son zánganos desorientados: una especie de avispones más grandes que las abejas que nos habían invadido durante las semanas anteriores, pero también más lentos y dóciles, hasta el punto de que, escondido uno de ellos en uno de mis pijamas, no me picó al quedar atrapado entre la prenda y mi piel, en contraste con los picotazos fulminantes que solían asestar sus hermanas incluso cuando estaban moribundas y uno, por inadvertencia, ponía la mano en el lugar donde agonizaban. Desde hace un par de días también estos benevolentes solterones desorientados han dejado de visitarnos. El último del que he tenido constancia lo encontré prendido en la pelusa de una bufanda mía, muerto ya. 


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Quizá lo más sorprendente de esta historia sea la actitud de K. hacia las invasoras. A pesar de su innata curiosidad hacia cualquier criatura que se mueva, durante todo este tiempo se ha mostrado absolutamente indiferente a su presencia, por más que muchas de ellas, en su agonía a este lado de la puerta del balcón, todavía mostraban los suficientes signos de vida como para haber llamado la atención de la gata. Se ve que instintivamente ésta sabe a qué bichos puede acercarse y a cuáles no. Lo que no ha sido óbice, en fin, para que no se haya librado de recibir algún que otro picotazo, seguramente por inadvertencia también. En esto gata y amo hemos recibido ambos la misma lección. No puede uno fiarse siquiera de una abeja moribunda.


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Esa idea, que ya tenían los pitagóricos y que inspiró a buena parte de la poesía occidental hasta las postrimerías del Romanticismo: que la naturaleza, como trasunto de una realidad trascendente con la que el hombre se ve forzado a entenderse, se expresa en un lenguaje arcano, sí, pero posiblemente descifrable; o, si no, al menos susceptible de rendir su significado a ciertas formas de sensibilidad aguzada a las que es posible acceder con la preparación adecuada. A través de la poesía, por ejemplo.  

1 comentario:

Sara dijo...

Ah, K.! :-) La echaba de menos!