lunes, diciembre 30, 2013

CARAS

Caras que surgen de la multitud y que, sin mediar saludo, reemprenden conversaciones iniciadas quizá hace meses o incluso años, a las que apenas tenemos tiempo de añadir una o dos frases más antes de que la multitud vuelva a envolvernos y separarnos, sin que ninguno podamos decir en qué tiempos o circunstancias volveremos a vernos... Y todo ello ocurre en una esplendorosa mañana que puede ser cualquier cosa antes que el escenario de un sueño.

***

En un hueco de otra mañana de compras me asomo a ver la exposición del surrealista Eugenio Granell, que estará aquí unos meses. Es un mundo más cómico que otra cosa: seres con cabezas pequeñas y puntiagudas, como de pájaro, y espitas en lugar de sexo, caballos con tres patas propiamente dichas y una rueda en lugar de la cuarta, humanoides construidos con carretes y lápices. El tiempo, que todo lo embellece, ha convertido estas figuraciones, que en su día quisieron ser enigmáticas y provocativas, en mero repertorio de la fantasía decorativa de una época, como lo fueron los angelotes y tritones del rococó, pongo por caso... Y conmueve el apego del artista hacia ese elenco de fantasmas particulares; y conmueve, sobre todo, la inocuidad de esos ingenuos monstruos adornados con colores de arlequín o payaso, figuras de un circo que quiso poner en solfa la seriedad equina de la cultura occidental y hoy son ya parte de esa cultura reducida toda ella a circo...

Pero lo que más me llama la atención de la muestra es un amarillento recorte de un periódico mejicano en el que se reproduce una entrevista que concedió el autor nada más llegar a América, huido del París invadido por los alemanes. "¿Cómo les van las cosas a los artistas de allí?", le preguntan. Y el entrevistado responde que, ante la imposibilidad de exhibir libremente su obra en la nueva situación, los artistas se limitan a trabajar en silencio, a la espera de mejores tiempos. "Como Picasso", añade. Del que, sin embargo, dice que ha sido objeto de algunas "atenciones" por parte del invasor; por ejemplo, que han querido asegurarle el suministro de carbón y otros productos de primera necesidad; lo que, por supuesto, el prestigioso artista, admirado incluso por los nazis, ha declinado... No sé. Otros testimonios hablan del más que mediano pasar de Picasso en esos tiempos difíciles, y uno diría que el entrevistado casi se obliga a sí mismo a contar al periodista lo que éste quiere oír. Pero tampoco podría asegurarlo.

Como para dejar en buen lugar al intocable pintor malagueño, el entrevistado alude a continuación al caso de la Nouvelle Revue Française. "Ha vuelto a publicarse -explica-, bajo la dirección de un fascista de primera hora, Drieu de la Rochelle". Y dice que, si bien no le extraña que Montherlant colabore en ella, lo que le escuece es que lo haga el comunista Eluard...

Meneo la cabeza y no sé si sonrío. Y es entonces cuando el elenco de figuras humanoides que me rodea parece cobrar vida. Me miran y ellas también parecen menear la cabeza, como diciendo: otro que se extraña de lo que no debería, a estas alturas, extrañar a nadie...

No hay comentarios: