lunes, diciembre 02, 2013

CHOPOS


No son los que Camille Pissarro vio y pintó en Eragny, pero estos chopos que he visto en la ribera del río Majaceite tampoco tienen nada que envidiarles. Orgullosos estandartes dorados de lo mejor de sí que tiene el otoño; que no es, como piensan los cursis, una estación de melancolías, sino de serena afirmación. Arde en ellos un fuego que no es el de la descomposición de la materia en humo y ceniza, sino el de su transmutación en luz. Quisiera uno arder como ellos.

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Un topillo muerto; o cómo la naturaleza también se cansa a veces de sus juguetes más delicados.

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No confundir la vida con la agenda. Ni el tiempo con la mera y atropellada sucesión de ocupaciones.