viernes, enero 10, 2014

CÓCTELES

Esos extraños cócteles que mezclan, con mano tan arbitraria como efectiva, los azares del día. En el coche, los Beatles,en un doble álbum recopilatorio de canciones que en su día sólo circularon en discos sencillos -y que, a mi modesto entender, siguen sonando mucho mejor en discos de 45 r.p.m. que en la gélida limpieza sin matices del CD-; en casa, Walden and Other Writings de Henry David Thoreau, un regalo de Reyes que ha llegado con cierto retraso, y con el que espero satisfacer una deuda de lectura que mantengo desde al menos los trece años, cuando un profesor me habló de este clásico de la literatura norteamericana y yo me prometí -y demoré luego ad infinitum el cumplimiento de esa promesa- hacerme con la traducción española que figuraba en el catálogo de Austral... Hasta aquí, todo más o menos concuerda: los compases de The Ballad of John and Yoko, por ejemplo, y ese lejano precursor del espíritu hippy. Hasta que, en la sobremesa, recalo casualmente en un documental sobre Charles Manson.


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Un poco de sol y un banco de madera. Felicidad de viejos. Los veo desde la ventana y me pregunto si, llegada la edad y la holgura de tiempo necesaria, no aguardará uno su turno para ocupar su puesto en ese mismo banco. Quiénes serán -si es que llego- mis interlocutores de entonces.


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Me dicen que la hierba que mejor les viene a los gatos para purgarse es la que crece al sembrar un poco de alpiste en una maceta. Y pienso en la curiosidad, en la ansiedad de K. al ver crecer la ensalada. 

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