miércoles, enero 22, 2014

COMME UN COUVERCLE

En la capa de nubes que cubre el mar hasta el horizonte, un roto: un inmenso siete como otros tantos campos de fútbol, por el que se deja de ver un trozo de cielo perfectamente azul, limpio y claro, como el que se divisa desde un avión cuando éste remonta el vuelo sobre el nublado. Y se agradece esa especie de trampilla abierta hacia la luz; sin la cual sería muy posible que, en días como éste, tuviera razón Baudelaire cuando dice que el cielo de la ciudad pèse comme un couvercle. En todo caso, una tapadera rota, por la que respira lo que se cuece abajo. 

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Natural: es decir, material: es decir, espiritual. Por cuanto un orden trascendente que no fuera natural sería casi un contrasentido.

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La independencia del escritor: poner una panadería, como Baroja; y luego una editorial propia, lo que viene a ser lo mismo.

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