martes, enero 21, 2014

FUNDAMENTOS

En las tempestades la naturaleza se pone siempre al borde del ridículo. De ahí ese cielo cariacontecido que suele venir después.


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Como la crisis ya ha terminado -dice un anuncio radiofónico-, ya podemos acudir alegremente al comercio del anunciante y gastarnos el dinero que, al parecer, vuelve a afluir a nuestros bolsillos... Bastará para ello, como sucedió al principio de la crisis, un poco de sugestión colectiva. La publicidad siempre tiene razón. Incluso -o sobre todo- cuando nos engaña.


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Un amigo músico me pide un poema sobre la fe, al que quiere poner música para un concierto basado precisamente en ese enunciado: poesía y fe, puestas en música. Y como me conoce, me advierte que no es necesario que el poema hable de la fe desde el punto de vista del creyente. Le contesto que la poesía siempre es una expresión de fe en algo, aunque no sea más que en el propio valor de la poesía como modesta y a menudo insuficiente expresión de los anhelos humanos. Que tantos incrédulos nos apliquemos a ella indica bien a las claras la escasa consistencia de la incredulidad. Otra cosa es la creencia ciega en un conjunto de dogmas. Pero quizá esté bien que haya quien nos ponga en guardia contra nuestra posible adhesión igualmente infundada a los dogmas contrarios. 

Si cree uno en algo, es en una espiritualidad puramente humana, a la que no asombra ni escandaliza la existencia de otras formas de espiritualidad basadas en otros fundamentos. Aunque la mayor diferencia, en la práctica, no reside en el fundamento que cada cual quiera dar a lo suyo, sino en la desmedida pretensión que algunos tienen de extender sus creencias particulares más allá del ámbito que corresponde al gobierno que cada cual tiene o aspira a tener sobre su conciencia. No sé si me explico. 

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