martes, enero 07, 2014

POUR HOMME

La impresión -puede que sea sólo una impresión- de que las bolsas de regalos que llevaba ayer la gente por la calle eran más pequeñas o menos abultadas que las de otros años... O que había menos gente en ese trance, por lo mismo que las aglomeraciones en las tiendas han sido menores. Lo que concuerda, por esas inesperadas armonías que a veces se establecen entre cuestiones más o menos disímiles, con los muy pregonados datos presuntamente alentadores que empiezan a darse en la economía. Baja el paro, por ejemplo, sin que suba el número de empleados, sino porque cada vez hay más gente que simplemente desiste de buscar trabajo, o se marcha a buscarlo a otro país. Saldremos de la crisis, sí, pero por atenuación de nuestras expectativas, por desistimiento, por una especie de acuerdo general para vivir con más estrechez y menos ínfulas de país rico. Lo que estaría incluso bien, si no fuera porque ese modo de vida es incompatible con los fundamentos mismos del sistema. Porque a ver qué economía capitalista sobrevive sin que la gente gaste.

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A mí, para que no se diga, los Reyes Magos me han dejado, entre otras cosas, un frasco de perfume pour homme. Y espero disfrutarlo con la dignidad que requiere el caso, aunque no sé... La verdad es que, a estos respectos, tiene uno gustos un tanto rudimentarios. Sigo fiel a las viejas y ásperas colonias masculinas que se estilaban en mi infancia, y que ya no se venden en coquetos estuches de regalo, sino en frascas de litro, lo que supongo que significa que nadie las regala ya, y que en todo caso se siguen produciendo y vendiendo en atención a casos perdidos como yo. Asocio esos olores al que, pese a los muchos lavados, era ya indeleble en los jerseys viejos de mi padre que yo me ponía en mi etapa más zarrapastrosa, cuando me parecía que una manera hábil de no parecer pobre era dárselas de bohemio. Era un olor... no sé, como a barniz o a maderas viejas: la versión limpia de ese tufo a tabaco y alcohol y a loción de afeitar Floyd que en general tenían los hombres. Está claro que quien me ha regalado el perfume me ve mejor, más feliz, más guapo, más joven quizá, sin toda esa onerosa memoria olfativa y sentimental encima. Y creo que tiene razón. 

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A ver quién no se siente un impostor al devorar un plato de sashimi delante de un gato... 

2 comentarios:

Gonzalo Durán dijo...

Aunque ya sé que tienes muchos reconocimientos, he querido dejarte un dardo en Línea Serpentinata como muestra de mi admiración por tu trabajo. Cuando quieras puedes pasar por allí y recogerlo. Un saludo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Viniendo de quien viene, se agradece doblemente. Recogido queda. Un abrazo.