miércoles, enero 15, 2014

THRILLER

Julio Camba. "Como unos amigos me hubiesen escrito este verano a Galicia pidiéndome mi opinión acerca del mar, yo les contesté colectivamente por medio de un artículo. 'No puedo hablar del mar -les dije-, porque no lo conozco todo. Sólo he visto un pedazo de la ría de Marín'".Y luego: "¡Esos ingleses de la Agencia Cook's que pasean su melancolía por todas partes, desacreditando a Inglaterra tanto como a la melancolía misma!". ¿De qué está hecho este estilo aparentemente tan simple, y que, sin embargo, rara vez deja de lograr su propósito de obligarnos a esa doble clase de asentimiento -de la inteligencia, de la emoción- que se trasluce en una sonrisa? Encuentro las dos muestras en el primero de los muchos artículos contenidos en Crónicas de viaje, la espléndida selección de textos viajeros de Camba que acaba de publicar Fórcola Ediciones. Como todos los libros de este autor que han caído en mis manos, me ha causado esa clase de avidez lectora que te impele a saltar de un texto a otro sin concederte una tregua, exactamente igual que le ocurre al goloso ante una caja de bombones bien surtida... Sólo que la clase de festín que deparan estos textos -¿y por qué no todo el mundo lee a Camba, en vez de castigarse el ánimo y la vista con la bazofia habitual que se lee por ahí?- no harta, ni empacha, y ni siquiera causa, como dicen que hace el chocolate, remordimientos.

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Claro que la bazofia no solamente está en la literatura del día. La hay también, y mucha, en el cine. Veo, por debilidad -me interesan estas películas, si acaso sea porque reinterpretan, o intentan reinterpretar, la historia que hemos vivido en términos de thriller-, Yoyes, la historia de la activista de Eta que fue asesinada por sus propios compañeros cuando regresó de su exilio para intentar llevar una vida normal en su tierra. La película tiene ya algunos años y habrá quien me diga que las cosas no son ya como entonces, y que la extraña manera de hurgar en la inmundicia que tiene este filme no se estila ya ni siquiera en Euskadi... No sé. Los hechos son los que son, y probablemente quedarán pocas personas que se atrevan a afirmar que esta mujer fue asesinada por hacer lo que otros militantes de la banda -entre ellos, algunos de sus más conspicuos asesinos- intentan hacer ahora: dejar atrás, por inútil, un pasado sanguinario y pasar página, si es que eso es posible... Pero no: lo que parece defender la película es que, si los etarras asesinaron a la primera que intentó dar ese paso, fue por una estrambótica mezcla de circunstancias de las que forman parte la existencia del GAL, la perfidia de los ministros del gobierno español y el afán de notoriedad del periodista madrileño que, al hacer público el regreso a la legalidad de la ex-terrorista, indujo a la banda a pensar que su antigua compañera los había traicionado y comulgaba con la, para ellos, infausta doctrina de la reinserción con la que los gobiernos de entonces intentaban mermar la siniestra irreductibilidad de los presos de Eta... No pueden caber más tergiversaciones en una cinta de apenas una hora y media. Que fue sufragada en parte, como se encargan de recordárnoslo los créditos, por el propio gobierno vasco.

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Vendo a unos compañeros, a beneficio de la meritoria organización humanitaria que ha editado el libro, los ejemplares de Navidades modernas que me han devuelto de una librería. Con ningún otro libro en el que yo haya podido estar implicado he tenido esta sensación de que bastaba enseñarlo para que me lo quitaran de las manos. Quizá porque este hermoso tomito, que recopila villancicos, no necesariamente ortodoxos, escritos por poetas españoles desde la "generación del 50" hasta nuestros días, apela a una idea de la poesía que lo mismo interesa al lector avezado que a las personas que, simplemente, tienen la sensibilidad suficiente para apreciar ciertas expresiones sencillas -en apariencia, al menos- e inmediatas de emoción y belleza. Quizá para poder seguir disfrutando de esto, a estas alturas, no haya habido más remedio que recorrer todo el tortuoso camino que la poesía culta europea ha querido seguir en los últimos cien años. Puede que ocurra como con los paladares estragados: les ha hecho falta trasegar mucha delicatessen dañina y cara antes de volver a apreciar el sabor de un manjar sencillo...

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