jueves, febrero 13, 2014

CORONEL THURSDAY

Ha muerto Shirley Temple. Y qué solo se habrá quedado, en el limbo de los mitos, su padre en la ficción de Fort Apache, el amargado coronel Owen Thursday, condenado a purgar su falta de tacto político en un ingrato destino con muy pocas posibilidades de lucimiento y muchas de perder la honra y la cabellera... Thursday representa la peor clase de fracaso: el aparejado al mérito no reconocido, a las oportunidades perdidas, al carácter propio convertido en el peor enemigo de uno mismo... Cómo retrataba John Ford esas vidas. Y qué consuelo nos siguen deparando, normalmente en las horas desabridas de una sobremesa de víspera de día laboral, películas como la ya mencionada o como La legión invencible, donde el papel de sonrisa benefactora en un mundo de hombres solos correspondía a Joanne Dru, la que, como dice la canción, llevaba un lazo amarillo por su amor, que estaba en la Caballería...  


*** 

En esa joven república centroeuropea -nos cuenta a mí y a mis alumnos una nativa con rasgos de princesa élfica-, el sueldo mínimo es la tercera parte que en España, mientras que el coste de la vida es similar e incluso en algunos casos más elevado. Es, sin embargo, uno de esos estados que puntúan alto en la escala de países de la Unión Europea con economías saneadas y en crecimiento; y, por tanto, uno de esos países con los que las hoy languidecientes economías mediterráneas sueñan equipararse... ¿a efectos de qué? Porque la ilusión de un núcleo de naciones ricas rodeado de otro de países más menesterosos pero, por eso mismo, muy atrayentes para los inversores de esos países ricos no puede durar indefinidamente, ni dejar de tener un efecto demoledor sobre las condiciones de vida de las clases trabajadoras en esos mismos países más afortunados... La tendencia está clara. De aquí a poco, todos pobres. Quiero decir, todos elfos.

***

Respecto a lo de ayer. Veamos. La cuestión no es pronunciarse o no; eso lo hace uno en la barra del bar, todos los días, cuando comenta las noticias, o cuando escribe un artículo específicamente "de opinión" sobre un tema dado. El asunto que me planteaba el amigo al que aludía ayer era la sospechosa muerte de catorce inmigrantes mientras intentaban acceder a nado a las playas de Ceuta ante la presencia de la Guardia Civil. Evidentemente, un caso como éste me indigna y me subleva como ciudadano y como persona. Pero la cuestión planteada era otra: la presunta obligación de incorporar esa indignación al discurso literario. Esa incorporación sólo puede efectuarse con naturalidad en la medida en que esas cuestiones de actualidad, ya decantadas, se conviertan en argumentos, rasgos, detalles, etc. que comparezcan sin esfuerzo en el libre fluir de ese discurso tal como éste se ha venido definiendo en ese largo proceso por el que un escritor llega a dominar un tono, una voz e incluso un personaje autoral. Evidentemente, la eficacia de ese personaje o esa voz viene definida por su flexibilidad. Pero no puede forzarse en nombre de la conveniencia política del momento; lo que tendría, por cierto, un nombre muy feo.

No hay comentarios: