miércoles, febrero 26, 2014

DE LOS NUESTROS

Se materializa uno en palabras, como otras criaturas más o menos irreales -los fantasmas de los cuentos, por ejemplo- se materializan en protoplasma o éter. Construye uno su figura de palabras y hasta le parece haber cobrado con ellas cierta entidad, cierto acabado de personaje listo para salir a escena. Pero sopla un poco de viento y, ¡puf!, la burbuja se deshace, y ya no es uno más que un mero balbuceo que busca articularse; y que, a falta de discurso, gesticula.

***

Reírse de esa aspiración del pensamiento a elevarse como un globo inflado; pero reírse también del excesivo miedo a las alturas.

***

José Vidal Cadellans. Termino de leer No era de los nuestros, la novela con la que ganó el Nadal en 1958, y a la que llegué después de haber leído el prólogo que el autor puso a su traducción de Madre marchita de Malaparte. No sé por qué se embarca uno a veces en estas pesquisas en pos de un fantasma... Y no lo digo porque el resultado me haya decepcionado: No era de los nuestros es una novela más que mediana, escrita un poco a bocados, pero sincera y valiente. Sigue la veta amarga de Nada, y como la novela de Laforet se ambienta en Barcelona, no ya en la inmediata posguerra, sino en los años de desordenado crecimiento económico que precedieron el Plan de Estabilización del 59. La novela trata de un desfalco en una de aquellas aparentemente inamovibles empresas familiares de entonces. Como ahora, los protagonistas hablan de crisis: quizá oteaban el mazazo que supuso el citado Plan de Estabilización que, entonces como ahora, restringió las alegrías financieras al costo de obligar a muchas empresas a cerrar y poner a centenares de miles de trabajadores, si no a millones, en la tesitura de emigrar. Hablábamos de Nada... Y el caso es que esta novela parece situarse en el terreno intermedio entre la de Laforet y Últimas tardes con Teresa, que publicaría Juan Marsé en 1966: Vidal anticipa ya el desencanto de los vástagos de la burguesía barcelonesa y el frívolo coqueteo de los primeros rebeldes sin causa de la época con todo un mundo de desclasados y marginados que terminarían, si no por desplazarlos del poder, sí por minar sus valores, como resulta de la entrada del Pijoaparte, el golfo protagonista de la novela de Marsé, en el mundo irresponsable y malconcienciado de Teresa y sus amigos.

Vidal Cadellans es de esos escritores a los que ni siquiera un sonado éxito en vida garantiza una mínima perdurabilidad. A la vista de lo leído, hubiera merecido mejor suerte.

No hay comentarios: