miércoles, febrero 19, 2014

ESPINAZOS

No, no se trata de dinero, ni de éxito, ni de renombre. Lo máximo que pido a las pequeñas iniciativas que me mantienen ocupado es eso: que me mantengan ocupado; es decir, ilusionado con lo que pueda salir de todas esas horas sustraídas al desánimo de la inacción, a la falta de perspectivas o de imaginación para sacarlas adelante. No lo digo sólo por mí: me agrada que muchas personas próximas vivan en ese estado de sana inquietud permanente; tan distinto, por otra parte, de la mera avidez. Y no es que los ávidos hayan desaparecido del todo del panorama: para lo poco que hay que repartir, en fin, mejor dejárselo a ellos. Lo otro, lo que importa, está fuera de toda competencia.

***

Viene el vecino a preguntarnos si también nuestra factura de la luz de este mes ha sido inusitadamente alta. Le digo que sí, pero, cuando le especifico la suma abonada, se echa a reír: a él, que vive solo y en un apartamento de soltero, le han cobrado casi el doble. Irá a reclamar, sin muchas esperanzas de que le hagan caso. Es esa sensación de desamparo que cada vez nota uno en más gente; y la misma sospecha de que la bienhumorada resignación con la que despachamos esta clase de abusos -y el de la luz no es ni siquiera el más importante- tiene un límite; por más que las consecuencias de una hipotética transgresión de ese límite de aguante nadie pueda preverlas todavía.

***

La diferencia que JRJ hacía entre "espinazos horizontales" y "espinazos verticales": justa y verdadera, como casi todos los juicios del sapientísimo poeta de Moguer; pero acaso injusta con otra más poética formulación del problema: la que elogia la flexibilidad del junco, que se inclina ante todos los vientos y no se quiebra ante ninguno.  

No hay comentarios: