miércoles, febrero 05, 2014

TRICICLO

Esos autores modestos, callados, rudimentarios quizá en su logro de la difícil armonía entre medios y fines; y que, a la vez que se dejan leer, se dejan reescribir...

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Coincide la salida del café con un breve intervalo de cielo despejado y sereno en medio del día desabrido. Y un compañero ante el cual me había quejado, horas antes, de este tiempo descorazonador se queda mirando el horizonte y me comenta, como quien celebra un raro suceso que acaba de presenciar y que quizá me ha pasado desapercibido, que ya se hace sentir la proximidad de la primavera.

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En el parque de enfrente, una joven familia de patinadores: padre, madre e hijo (o hija). Avanzan a favor del viento, con el poniente a sus espaldas. Me acuerdo de cuando yo bajaba a ese mismo parque a pasear con C., en la sobremesa, cuando ella era tan pequeña que casi no alcanzaba los pedales del triciclo y prefería impulsarse con los pies en el suelo. El pequeño o pequeña de esta familia que acabo de ver debe de tener su edad de entonces: tampoco alcanza a darse impulso, y la llevan más bien en volandas... Se ve que tienen prisa en llegar a alguna parte. Yo también me impacientaba entonces. Y el caso es que, mirando hacia atrás, ahora tengo la sensación de haber corrido demasiado. 

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