jueves, marzo 20, 2014

UN POCO DE GEOPOLÍTICA


Movimientos de tropas rusas hacia el oeste. Es curiosa la persistencia de los viejos fantasmas europeos. Y casi me da miedo que me llamen la atención estas cuestiones, no sólo por el interés inmediato que puedan tener, sino por reavivar en cierto modo mi vieja fascinación infantil por los mapas, las banderas de los países del mundo, la Historia reducida a batallas y cambios de fronteras. Dicho esto, se me ocurren dos o tres barbaridades más, que ni siquiera sé si estará bien escribirlas en este cuaderno -y menos mal que lo lee muy poca gente-. Por ejemplo, que intentar imponer la lógica de los estados nacionales sobre unas poblaciones que a lo largo de los siglos no han hecho otra cosa que mezclarse o imbricarse es un disparate, y que quizá los viejos imperios plurinacionales -el austrohúngaro, el otomano o, por nombrar el más reciente, el soviético- tenían más razón de ser que estos incómodos y estrechos estados de hoy. Hubo un tiempo, por cierto, en que la presencia rusa en Centroeuropa, mucho más allá incluso de los territorios hoy en disputa, supuso para las poblaciones europeas el inesperado beneficio de que sus viejas y egoístas oligarquías asumieran el imperativo de construir sociedades en las que las desigualdades inherentes al capitalismo resultasen atenuadas o incluso neutralizadas, para que las víctimas potenciales de esas desigualdades no cediesen a los cantos de sirena del comunismo. Con lo que se dio la paradoja de que los verdaderos y únicos beneficiarios de la existencia de un conjunto de estados nominalmente "comunistas" al otro lado del Telón de Acero fueron.... las poblaciones de los estados no comunistas. Hoy el expansionismo ruso no tiene esa carga ideológica, y no es más que lo que es: la coartada nacionalista que un régimen oligárquico y corrupto -aunque no sé si más que sus oponentes occidentales- se da a sí mismo para justificarse y perpetuarse. Los rusos ya tienen un guardián de las esencias: esa especie de Mussolini rubio que tienen como presidente. En Occidente, mientras tanto, medimos la gravedad de la situación por las oscilaciones de los mercados bursátiles. Y así nos va.


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Quizá la única idea aprovechable de todo El cuarteto de Alejandría, el mamotreto de Durrell, fuera esa: que, al amparo de la complicada política previa a la liquidación de los imperios europeos, hubo espacios privilegiados en los que se dio el milagro de la coexistencia de diferentes culturas, idiomas y religiones, junto con la siempre fascinante posibilidad de que, en los intersticios de esa babel, hubiera quienes lograran escapar a las determinaciones a las que cada una de esas culturas, religiones y nacionalidades sometía a sus respectivas poblaciones. No otro es el atractivo de Cavafis, por ejemplo. Un poeta, por cierto, que ya ha pasado de moda, no se sabe por qué.


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Y hablando de realidades más inmediatas: la posibilidad (horrenda) de una Cataluña que siga los pasos de Croacia; la más horrenda aún de una Castilla -entendiendo por Castilla lo que quede del viejo estado español- más ensimismada aún, más bárbara y pobre. Lo dice un castellano del sur.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Te veo yo un poco demasiado pesimista. No creo que España, con o sin Cataluña, tenga sustancialmente por qué dejar de ser lo que ahora es; con todos sus defectos, un país avanzado, moderno y democrático, firmemente asentado en la UE, y puente inesquivable con el continente americano. No veamos únicamente lo negro, que hay muchos otros colores.

Y respecto a Kavafis, en el catálogo de la BN figuran 66 referencias a su nombre; 17 anteriores a 1980, 34 entre ese año y el 2000, y 15 en este siglo, de las cuales 4 en los últimos 4 años. Yo no diría que "ha pasado de moda": pienso que se ha asentado como un clásico, hoy por hoy al menos inesquivable. Un lugar, por lo demás, enteramente merecido, según pienso.

(Gatoflauta)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Pues me alegro mucho de la vigencia editorial de Cavafis. Mi impresión se basa en la percepción de que ya apenas hablamos de él. Pero puedo estar equivocado. Gracias por el comentario.