lunes, marzo 17, 2014

VUELO BAJO

Funambulistas. Han colocado una cinta ancha entre dos palmeras, a un metro aproximadamente del suelo. Son dos chicas y un chico. Por turnos, van subiendo a la cinta y se esfuerzan por mantener el equilibrio sobre ella y avanzar, a veces de la mano de uno de sus compañeros. Parece fácil, pero yo no lo intentaría. Y posiblemente ellos mismos, que están en esa edad en la que, abandonados definitivamente ya los juegos de niños, las nuevas diversiones apenas duran lo que tarda en agotarse su aura de novedad, serán de mi misma opinión en muy poco tiempo. Ahora, en cambio, transmiten una serenidad admirable. Nada más serio que un juego. Y ya puestos a jugar a algo, ¿por qué no a andar como quien vuela, en un mundo en el que, a falta de asideros precisos para mantenernos erguidos, quien se cansa de andar... repta?

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Hay una diferencia entre Todos los hombres del rey, la película que ha hecho Sean Penn sobre la venerable obra de Robert Penn Warren, y la primera adaptación cinematográfica de la misma, la que dirigió Robert Rossen en 1949, y que en España se llamó El político. Las dos son excelentes, pero... diría uno que la antigua era, en efecto, una despiadada disección del instinto que lleva a prescindir de todos los ideales cuando de lo que se trata es de conservar el poder; mientras que la nueva es, simplemente, una sátira del populismo. Y no, no es exactamente lo mismo una cosa que la otra.

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También esa primilla ha optado hoy por el vuelo bajo. Pasa ante mi ventana, casi por el mismo sitio en el que hace unas horas ensayaban los funambulistas. Y es que tiene uno la sensación de que este cielo grande y despejado de anteprimavera atemoriza un poco.  

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