jueves, abril 03, 2014

ELEMENTOS


La agenda literaria de uno: como la de un autor de best-sellers, casi; sólo que, en vez de compromisos millonarios y multitudinarios, lo que me ocupa es una infinidad de pequeños actos amistosos, locales, cercanos, a propuesta de colegas y conocidos para quienes la veteranía -que no el renombre- de uno supone un cierto apoyo o un modesto adorno. Me honran con ello, por supuesto Alimentan la fantasía de que, más allá de ese reconocimiento social que me otorgan, alguno de ellos y de los asistentes que acuden al reclamo también me leen. Y esa posibilidad, aunque remota, tampoco es para desdeñarla.

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Definitivamente, me gusta el cine de Cukor. Mujeres (1939) es una delicia; por más que decir esto hoy de una película en la que una mujer recupera a su marido infiel a fuerza de perdonarle sus públicos deslices e ignorar lo que estos tienen de también pública humillación pueda parecer bastante incorrecto... Pero no creo que Cukor estuviera haciendo ningún análisis sesudo de cómo son o deberían ser las relaciones entre sexos, ni defendiendo en serio la sumisión de la mujer -de hecho, en esta película en la que no aparece ningún hombre, ellas disfrutan sin trabas de esa envidiable desenvoltura y libertad de movimientos de la que, si hemos de creer al cine y a la literatura de la época, gozaban las mujeres norteamericanas de la alta burguesía en los muy permisivos y liberales años treinta del pasado siglo-. Lo que parece estar haciendo Cukor en esta película es mirar por el ojo de la cerradura ese mundo exclusivamente de mujeres en el que los hombres no tienen parte alguna. Y lo que ve le resulta tan enigmático como fascinante. Lo sigue siendo hoy, tres cuartos de siglo después.

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Según desde dónde se mire, los vientos de estos días lo mismo parecen venir del este que del oeste, cuando no del sur. Tampoco sabe uno si hace frío o calor. Pero lo raro sería lo contrario: que uno supiera decir de dónde le llegan los vientos que lo zarandean, o supiera medir el efecto que le producen. Este tiempo revuelto es, como quien dice, mi elemento natural.    

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