jueves, abril 24, 2014

MÚSICAS CELESTIALES

¿Qué decir en la recogida de un premio como el Cervantes? Música celestial. Claro que unos lo tienen más fácil que otros. Para un hispanoamericano, por ejemplo, nada más sencillo que interpretar ante el respetable el papel de escritor hispanoamericano y decir lo que la gente espera oír de un espécimen de esa particular división del mundillo literario, por más que sus representantes más lúcidos hace tiempo ya que se rebelaron contra ese encasillamiento. A Poniatowska, por cierto, se le conoce algún oportuno desaire al poderoso de turno en el momento en el que éste la emplazaba a recoger un premio de su mano. Hace bien en no repetirlo, siquiera sea porque la humildad bien entendida obliga también a saber encajar con naturalidad los reconocimientos. Pero no estoy muy seguro de que toda esa pompa le sea del todo beneficiosa, en un momento en el que al ciudadano medio se le indigesta el almuerzo cuando, a la hora del telediario, aparecen sus gobernantes convertidos en ángeles guardianes de nuestro bienestar material y moral. Me acuerdo de lo que decía Trapiello en alguna entrega de sus diarios: ¿quién es el gobierno para otorgar o negar premios a la excelencia de determinados escritores? Claro que él se refería, si no recuerdo mal, a los premios nacionales de literatura. No sé si estamos hablando de lo mismo.

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Celebro el Día del Libro en compañía de unos atentísimos estudiantes de bachillerato, que me escuchan en absoluto silencio durante casi hora y media. Se ve que, en el avatar de escritor, tiene uno más empaque que como profesor. O será que sólo tienen que aguantarme una vez en la vida y no durante un curso entero. En cualquier caso, me extiendo sobre lo mismo que dejé anotado ayer en este cuaderno: que descreo de los actos de proselitismo, y que no vengo a predicar las bondades de la lectura, sino, en todo caso, a explicar humildemente por qué ha hecho uno de ese hábito algo casi tan natural e insustituible como respirar. Lo de llorar los males del libro lo dejo a otros. Hay ya demasiada gente quejándose de demasiadas cosas.

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Nada como volver a donde estuviste para constatar que no has dejado de ser quien ya creías que no eras; y que la diferencia estriba precisamente en ese reconocimiento, para el que eras ciego entonces.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Respecto a la última nota: y aunque fuera así (y yo creo que nunca es del todo así), ¿te parece eso poco?

(Gatoflauta)

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Ni mucho ni poco: sólo la evidencia de que lo ganado es poca más que esa conciencia añadida.

Alonso Barán dijo...

Mola el texto...
Mi enhorabuena.
Un saludooo