martes, mayo 06, 2014

DE ROMANOS


Veo películas de romanos, y no porque la todavía cercana Semana Santa tardía de este año me haya sabido a poco, sino porque hablé el otro día de este tipo de cine con chavales para quienes Gladiator todavía resulta una película relativamente cercana, siquiera sea porque la han visto en televisión, pero a quienes ya no dice nada La caída del Imperio Romano, la magna película de Anthony Mann a la que tanto debe la más moderna de Ridley Scott. Toma ésta de aquella el planteamiento y se limita a dar una solución de tebeo al conflicto sucesorio entre el adusto general a quien el desencantado Marco Aurelio desea entregar el poder y el heredero natural de éste, el impredecible y a la postre sanguinario Cómodo, que fue quien efectivamente reinó. 

En la película de Mann, el conflicto se plantea en términos políticos -el enfrentamiento, un tanto extrapolado, entre quienes desean extender la ciudadanía romana a todos los habitantes del imperio y quienes siguen considerando las provincias como territorios conquistados- y se resuelve en la anarquía que sigue a la muerte del tirano, cuando los más capaces dan la espalda al poder y éste queda a merced de arribistas sin escrúpulos. El mismo asunto, en fin, sobre el que versaban tantos westerns del viejo director: la naturaleza del poder y la decadencia de los ideales; aderezado esta vez con un guiño al pesimismo del historiador Gibbon, a cuya obra The History of the Decline and Fall of the Roman Empire debe su título la película; e incorporando a la misma una transparente alegoría de la política contemporánea, en los años en los que se enquistaba la guerra de Vietnam -trasfondo de la sombría visión de las campañas germanas de Marco Aurelio con que se inicia la película- y se adivinaba el sombrío mandato presidencial de Nixon. 


Scott, mucho menos ambicioso, convierte al rival de Cómodo en un gladiador que, a modo de un superhéroe de tebeo, se abrirá paso hasta el momento de su venganza a fuerza de espectaculares triunfos en el circo... Cuánto había cambiado el cine en los siete lustros que median entre ambas películas. Porque, aunque Mann era ya prisionero del colosalismo de su productor, Samuel Bronston, aún fue capaz de dotar a sus películas -y no sólo ésta: recuérdese El Cid- de una belleza formal y una ambición dramática que Scott ya ni se plantea. Y cómo lucen la espléndida carpintería y los ejércitos de extras convocados por Bronston frente a los paupérrimos efectos por ordenador de los que se vale la película de Scott... 



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Leer, pasear, ver películas, echar el rato con los amigos. No escribir -si acaso, un diario íntimo-, no abrigar ambiciones, no aspirar a nada que no sea el puro anonimato y la paz de espíritu en la más estricta privacidad. Y que ningún irreductible demonio interior venga a arruinarte la fiesta.

3 comentarios:

Sofía Serra Giráldez dijo...

Lo que no entiendo, aficionada que soy también a extraer de cualquier película la afinidad necesaria para poder valorarla como obra, al fin y al cabo, de arte, es por qué usas la expresión "de tebeo", primero para referirte a Gladiator, y en segundo lugar, como menospreciadora. De las ambas que mencionas soy amplia, o extensa en el tiempo, visionadora, y analista (no sé "ver" si no es así). También lectora de tebeos desde mi más tierna infancia. ¿No parqueas quizás en interpretaciones? ¿No te rasas?
Solo preguntas hechas a mí misma, y, en cuanto las hago publicas, en alguna medida dirigidas a ti para que te las hagas. Porque sobre todo, duele leer conclusiones superficiales en alguien que publica sus diarios íntimos. Al fin a y al cabo la educación de todos depende de todos y cada uno.
Un cordial saludo.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

No tengo nada contra los tebeos, todo lo contrario. Pero no me negarás que convertir al oponente político de Cómodo en un superhéroe de cómic -dicho sea sin intención peyorativa- no resulta un poco chocante. Desde ese punto de vista, la película de Scott no es tanto una reelaboración como una parodia de la de Mann.

Sofía Serra Giráldez dijo...

Es que nunca la contemplé con la de Mann en la retrospectiva, quizás sea ese el aparente "conflicto" entre nuestras opiniones. La vi como una película de estos tiempos, décadas, y de Hollywood exponiendo, recreando un aspecto/momento de la historia. Pienso que es fundamental que el cine sepa llevar hasta su tiempo contemporáneo algo antiguo, sintonizándolo con los gustos, los modos, el punto de vista de un ser humano actual. Y mientras no se cometan muchas barbaridades que desculturicen en vez de culturizar, no me parece mal que se "abstraiga" de cualquier forma. Al fin y al cabo Gladiator es una película típicamente hollywoodense por medios, actores potentes, caracteres bien definidos, argumento completamente sostenible y desde luego logros técnicos. ten en cuenta que fue de la primeras en las que se recreó algo que ahora parece muy normal, un "escenario" mediante la técnica informática. Aunque ese para mí es uno de sus mínimos valores. Te confieso que cuando la vi (soy historiadora y siempre amante del mundo romano, interesada en él) salí alucinando expresándole algo a mi marido: "Una película de hollywood consigue transparentarme por fin el concepto religioso de los romanos!, tantos años de estudios y lecturas, tanto visto en Arte, y ha tenido que ser una película la que me lo haya transparentado a la primera!..." Ya sabes, me refiero a su hilazón con la religión etrusca, ese arraigo telúrico que va perdiendo cuando incorpora la griega, el panteón griego. Pues Gladiator consiguió eso, a través de las imágenes, no niego que la música y la misma interpretación de los personajes. Te lo prometo. :) Y creo que es un gran mérito por su parte.