jueves, mayo 22, 2014

INDECISO

Se deja zarandear uno por las ráfagas de viento en el paseo como los coches se entregan a la acción de un túnel de lavado: por un afán de limpieza. Siente uno la frente fresca, la mente despejada, la vista clara. Y es grato orear el pensamiento y ventilar el alma, como esas habitaciones que acumulan roña durante el invierno y necesitan urgentemente que el buen tiempo les seque las humedades, antes de que una acción más decidida y voluntariosa las revista de blancura renovada. 

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Quizá lo verdaderamente difícil de explicar a los jóvenes el sentido de ciertas obras literarias -especialmente, algunas escritas en los últimos doscientos años- sea conciliar el mensaje de éstas con la necesidad de que, en obediencia al mismo, esos jóvenes no se levanten de sus sillas, lapiden al dómine y, a continuación, o bien prendan fuego al colegio o se entreguen a una furiosa orgía sobre las bancas; o ambas cosas.

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Lo malo de que ciertas metas se alcancen quizá demasiado puntualmente es lo que viene después: el temible vacío. Ningún paraíso dura tanto como el de los indecisos.

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