lunes, mayo 19, 2014

IRREALIDADES

Lleva uno la irrealidad dentro, pero la ve fuera: en la desusada intensidad de esta acelerada primavera, por ejemplo. Y es uno quien va soltando lastres -o eso cree-, pero es el panorama exterior el que parece responder a un inexplicable -por inesperado- impulso a elevarse, por esa tendencia que tienen las cosas a alzarse sobre sí mismas cuando alcanzan la plenitud. Y ya no sabes bien dónde tienes tu centro, si es que alguna vez lo tuviste, si es que no eres la pura dispersión de una voluntad incierta, sobrecogida y asustada ante la pujanza de todo lo que no eres.

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Este gato desastrado, despeluchado, sucio. Emite el maullido más lastimero del mundo; pero, a diferencia de otros de su condición, no rehúye a los extraños, sino que se pega a ellos y trata por todos los medios de restregar su lomo contra las piernas de éstos, en ademán suplicatorio. Supongo que está acostumbrado a que los pescadores del lugar -porque estamos en una especie de poblado de chabolas de pescadores surgido en torno a un precario embarcadero, en uno de los canales que ciñen el islote del Trocadero- le arrojen unos camarones de la carnada o le den un poco de sus meriendas. Nosotros no tenemos nada que pueda aprovecharle: sólo los enseres de pintar de C., que ha venido hasta aquí en busca de unos apuntes de estos parajes, y a la que yo acompaño, provisto también de unos lápices y una libreta de dibujo. Finalmente, el levante, que no es muy fuerte pero sí enervante y persistente, nos hace desistir. Volvemos sobre nuestros pasos. El gato hace tiempo ya que dejó de seguirnos. Como si supiera que la indecisión no tiene ojos más que para sí misma, y de ella no cabe esperar el don inesperado de una sardina o un camarón que echarse al coleto.

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Nos parecía que bastaba con eso que los marxistas de antes llamaban, con cierto retintín, "las libertades formales": y ahora ya no nos queda ni eso. El sistema político ha devenido grotesco; y, por ello, más peligroso que nunca: da palos de ciego con la misma furia con que teme recibirlos de la ciudadanía desafecta. Se porta como un perro acorralado. Y muerde. 

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