viernes, mayo 23, 2014

RÉDITOS

Réditos de la literatura: calcula uno cuánto dinero mueve un libro, y entre cuántas personas habría que repartirlo -empezando por el autor, el editor y los libreros, amén de tantos que arriman el hombro y aportan su tiempo y su esfuerzo a favorecer la andadura de ese libro en el mundo- y el resultado total es: unas decenas de euros, que en el mejor de los casos sólo suponen un beneficio neto para el librero... Desde luego, que tantas personas dediquemos nuestros afanes a esto desdice un tanto la creencia de que la ganancia material es el motor principal de los actos humanos. Claro que hay otras ganancias que considerar.

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Quizá lo milagroso de asistir al estreno literario de una persona próxima es constatar cómo sus palabras, que hasta entonces no podíamos concebir sino como inextricablemente unidas a su persona, se independizan y pasan a constituir, por así decirlo, una entidad propia, diferenciada ya para siempre de la persona que las ha pensado y escrito; sin dejar de ser, al mismo tiempo, retrato fiel de un tramo concreto de su recorrido intelectual y vital. Y es quizá la propia proximidad de uno a esa persona lo que engendra el asombro de ver objetivarse su discurso de ese modo, adquirir, digamos, esa consistencia ajena. He aquí otra utilidad de la literatura: contribuye a erradicar cualquier abusiva creencia en la posibilidad de la asimilación completa de un alma cercana. Quien escribe se diferencia, alza el vuelo, reafirma su esencial otredad. Habrá otras maneras de hacerlo, quién lo duda. Y puede que ésta no sea ni siquiera la más complicada. Tampoco es la más evidente: asombra a veces el poco efecto que tienen, en la vida cotidiana de un escritor, las revelaciones sobre sí mismo que hace en sus escritos. Y es bueno que así sea; lo que no quiere decir que, puestos sobre aviso, esa nueva perspectiva sobre un alma ajena y próxima a la vez no resulte fascinante.

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Está claro que eso de que uno escriba un libro y, de inmediato, todos tus vecinos lo lean y éste y aquél se ofendan porque se han sentido reconocidos en algún personaje, y la ciudad se conmueva, y el escándalo (que no es para tanto) empuje al escritor a un éxito inevitable... sólo ocurre en las películas americanas sobre escritores. 

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