lunes, junio 09, 2014

MY GENERATION

En la celebración del décimo aniversario del restaurante de nuestros amigos A. y S. Aires de fiesta familiar, lo que no excluye una cierta formalidad de acontecimiento social importante en este microcosmos que tiene algo, para los aquí congregados, de segunda ciudadanía libremente elegida. A veces hemos bromeado incluso con la idea de que, de la esquina hacia acá, la parte del pueblo que se agrupa en torno a esta bendita plaza con mirador abierto a las inmensidades de la sierra es un cantón aparte, independiente no sólo del resto de la población, sino del resto del mundo en general. 

Aquí, efectivamente, rigen otros tiempos, otros ritmos, y hay incluso cierto margen para que las formas elementales de la sociabilidad adquieran aire de juego. A eso hemos venido todos esta noche: a jugar; y la delicada degustación de excelencias gastronómicas con que nos obsequia A. no es sino una forma superior de juego. Nada es lo que parece, lo que parecía una aceituna estalla en la boca y no es más que una esfera inmaterial de sabor, el plato básico de cuchara se presenta ahora con aires de elaborada creación de repostería... Pero tampoco hay engaño, porque el paladar es sabio y tiene una memoria sentimental que reconoce los sabores y agradece que éstos se correspondan con la taxonomía elemental que distingue el pescado de la carne, lo vegetal de lo animal, lo salado de lo dulce. La sabiduría gastronómica de A. sorprende sin desconcertar ni abrumar, y ni siquiera la mezcla de seis vinos con que nos hace degustar las seis creaciones del menú ha resultado (hablo por mí) tan peligrosa como parecía...  O quizá sea que, tras ciertas embriagueces del alma, las del cuerpo apenas se hacen notar. 

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Para gustarnos a nosotros mismos nos esforzamos en gustar a otros. Lo que dice mucho del  lugar que concedemos, en nuestra visión del mundo, a la otredad: esa especie de resonancia interna por la que el conjunto de las voces ajenas habla con una sola voz, que es la nuestra.

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My generation: toda la vida siguiendo las directrices de gente apenas diez años mayor que uno, pero que llegaron antes; y que ahora se retiran para ceder el puesto a quienes tienen... diez años menos que nosotros y han sabido esperar. 

Trasládese esto a política y entiéndase el poco crédito que concede uno a eso que llaman relevo generacional.

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