lunes, junio 16, 2014

SOLTURA

Me estoy aficionando a las entrevistas literarias, y no sólo literarias, que Joaquín Soler Serrano hacía a figuras como Borges o Salvador Espriu -son las dos que he visto últimamente- en su programa A fondo hace más de treinta años. Qué lujo. "La literatura española tenía en sus orígenes una soltura que luego fue perdiendo", afirma el escritor argentino, que no consiente que el entrevistador lo llame "maestro". "Llámeme sólo Borges", le dice. "Sí, Borges, es decir, maestro", insiste el entrevistador, con esos modales un poco rígidos -aunque siempre eficaces- de la cortesía que todavía se estilaba entonces en determinadas situaciones públicas. "No, no, Borges, que da la casualidad que es mi nombre". Lo dice desde ese aparente desamparo del hombre ciego que, en una conversación, no logra atisbar los gestos de su interlocutor, y por eso se adelanta a veces a llenar los silencios algo enfáticos de éste, luego tan imitados por otros periodistas televisivos. En contrapartida, y llevado por una impaciencia que suele ser característica de los hombres de dicción segura cuando hablan con una persona que tartamudea, como era el caso de Borges, Soler Serrano no puede evitar adelantarse a los vocablos que el entrevistado pugna por articular en sus no demasiado dramáticos, pero sí evidentes, bloqueos verbales. También Espriu, por cierto, padecía esa incomodidad, que se apresura a enunciar de esta manera: "Desde mi infancia padezco una dislalia que me impide a veces decir palabras tan sencillas como Barcelona o Espriu", en lo que constituye otro penoso reconocimiento de que el nombre propio resulta a veces una pesada carga... Me recreo en estas voces importantes; y no porque lo que dicen no lo haya oído yo antes muchas veces (cosas como "la democracia es sólo un abuso de la estadística" o "Lorca es un poeta menor", que Borges dócilmente repite ante las incitaciones de su interlocutor), sino porque, en el temblor característico con el que las dicen, advierte uno la dolorosa conquista previa de una verdad particular, acaso inservible para otros, pero siempre indicadora del empeño que ese logro exige. 

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En cuanto a eso de la "soltura" perdida de la literatura española: qué pocos escritores españoles la poseen, si entendemos por soltura esa naturalidad con la que el discurso se adapta a la verdad última a la que apunta quien lo emite. Garcilaso, Fray Luis de León, Cervantes, Galdós, Antonio Machado... Paremos de contar. El resto: retóricos, barrocos; es decir, víctimas de una hinchazón de lenguaje que responde, ante todo, a esa hipertrofia que las ideas abstractas alcanzan cuando pierden la conexión con lo real. En ese sentido, qué poco realista es la tan tan cacareadamente realista literatura española. A lo más es... mimética, como lo son los espejos... del Callejón del Gato.

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Taquicardias nocturnas. Parece que el corazón pesa más en un cuerpo tumbado.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hombre, exagera usted un poco (un mucho) en lo que respecta a los pocos ejemplos de "soltura" que da. El propio Borges, tan crítico con la literatura española, tenía entre sus preferencias a San Juan de la Cruz o Andrés Fernández de Andrada, aquí no mencionados; Cernuda, otro exigente, aproximaba a las del Quijote las páginas del Lazarillo, o hablaba de Bécquer entre sus preferencias, bien ajenas a hinchazones e hipertrofias... Tampoco se menciona aquí a la poesía popular (¿cuánto hay de hinchazón en el Arnaldos, en el Prisionero, en la mágica "En Ávila del Río", en tantas cosas?). Un poquito de por favor, oiga, que no cuesta nada.

(Gatoflauta)

Anónimo dijo...

Qué maravilla ver todos los episodios del programa A Fondo disponibles en TVE a la carta. Mil gracias por esta entrada, José Manuel (y, por cierto, tu lista de escritores españoles "con soltura" me parece de lo más acertada). Greetings from Belfast, Sara

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Por supuesto, admito la ampliación de la nómina; que no creo que altere mucho mi percepción -que no es sólo mía- de este asunto. Tengo mis dudas con Cernuda: su registro a veces me resulta forzado; por más que su tentativa sea única en la poesía española de la época.

Anónimo dijo...

No citaba a Cernuda (como tampoco a Borges, claro) a título de escritor, sino de opinador exigente. Pero es el suyo un caso interesante, porque si es cierto lo que dices (y lo que ya observara maliciosamente Paz: "si Cernuda escribe como habla, a veces habla como un libro"), también lo es que la clave, en tu caso y en el de Paz, está en el "a veces". Otras veces no es así; nada forzado hay en "Los espinos", en los "Poemas para un cuerpo" o en tantas otras cosas espléndidas. Yo prefiero (y creo que es lo sensato) juzgar por lo más logrado.

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Totalmente de acuerdo; ese "a veces" es la clave. Y nadie discute la condición de gran poeta de Cernuda. Hablamos de la consecución de un tono; y ahí sí son relevantes esos otros poemas más "librescos".