miércoles, julio 09, 2014

EL LÍMITE

Me dice este conocido, a propósito del pintor cuya exposición hemos venido a ver, que un artista alcanza la plenitud creativa entre los cincuenta y cinco y los sesenta años. Tomo nota: aún hay margen; y conviene no olvidarlo, teniendo en cuenta los muchos momentos de desánimo que vendrán antes de que sobrepasemos ese límite y sólo toque resignarse.

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Buñuel: La muerte en este jardín (1956), o cómo convertir lo que en principio parecía casi una película de Sergio Leone, con batallas campales entre federales y aventureros gringos, en una encerrona surrealista. Los protagonistas, finalmente perdidos en una selva que atrapa a las mujeres por los cabellos y depara a los huidos el inesperado hallazgo de un avión estrellado provisto como para una fiesta de disfraces, acaban entregados, como en L'âge d'or, a sus pulsiones más primarias; entre ellas, el deseo más o menos consciente de que vayan desapareciendo del panorama los representantes del orden burgués o la religión, e incluso la hembra indómita que ha sido capaz de embaucarlos a todos, y sólo sobrevivan el héroe sin escrúpulos y una bella muchacha... muda. Buñuel debió de pasárselo en grande filmando este calculado disparate. Tan parecido, por otra parte, a las películas más convencionales del género, que seguramente más de un espectador salió del cine sin notar la diferencia.   

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El viento sur despuebla la playa. Claro que también la desnudez abriga. Que se lo digan, si no, a las parejas emboscadas entre las dunas.

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