martes, julio 22, 2014

IN SUCH A NIGHT


De vuelta a casa, después de una cena con amigos. Una de esas madrugadas tersas, fragantes, en las que no se mueve una hoja. Casi nadie en la calle: sólo la desesperada clientela terminal de un par de terrazas en las que ya han apagado la música y apilado las sillas desocupadas. Caminamos con determinación, casi contra nuestro impulso de sentarnos en cualquiera de los bancos vacíos y pasar la noche a la intemperie, disfrutando de esa especie de secreto esplendor al que el resto de la humanidad ha vuelto tranquilamente la espalda. Casi nos sentimos culpables por ir rompiendo el silencio de la noche con nuestros pasos; y, cuando uno de los dos se decide a hablar, teme que sus palabras alcancen la resonancia de esas conversaciones destempladas de borrachos -no es nuestro caso, o no del todo- que a veces se infiltran en el duermevela cuando es uno quien madruga mientras otros disfrutan. Pero prefiere uno la discreción: si acaso, amortiguar el paso, para que no se nos oiga. Que nadie sepa de esta secreta felicidad, de esta inesperada armonía entre el ánimo y los sentidos. De decir algo, que sea como las arrebatadas palabras de los amantes Jessica y Lorenzo en El mercader de Venecia: "In such a night..." (en una noche como esta...). Etc. 

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Victory through Air Power; o los dibujos animados de Disney al servicio de la propaganda bélica. Claro que estábamos en el año 43 y todos los esfuerzos eran pocos para sostener la moral, tanto de los combatientes como de la población civil que soportaba el esfuerzo de guerra. Aún así, choca ver los blandos personajes de Disney, o el alegre colorido que sus estudios habían logrado insuflar en películas como Blancanieves, utilizados para explicar la necesidad de desarrollar aviones de largo alcance capaces de bombardear las ciudades industriales de Alemania o Japón. La escena en la que este último país es representado como un pulpo al que el águila norteamericana ataca repetidamente hasta que éste retira sus tentáculos de Asia resulta siniestramente premonitoria: en efecto, incluso dos años antes de que se utilizara la bomba atómica, parecía claro que el mando aliado no veía factible derrotar progresivamente al Japón mediante un avance sostenido por las islas del Pacífico y el sudeste de Asia. Recién terminada la guerra, el propio Disney debió de darse cuenta de que ciertos alardes propagandísticos más o menos justificados en tiempos de guerra no serían del agrado del público en época de paz, y retiró la película de los circuitos comerciales. La veo ahora en una magnífica versión restaurada, accesible en Internet. Los sobrios documentales de Ford, Capra o Wyler resultan casi blandos y sentimentales al lado de la fría deshumanización de estos personajes de cuento empeñados en representar uno incluso más negro y siniestro que el de Blancanieves.

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A los cincuenta, o has llegado a donde querías o constatas que ya se te ha acabado el impulso más o menos insensato que te mantenía en la pugna desde los comienzos de la edad adulta. Y quizá esto último sea lo mejor: frente a la carga de ser alguien, de mantenerse a la altura de los propios logros, la inesperada ligereza de verte de pronto sin bagaje que defender, o sin asideros para poner en marcha nuevos planes. Y así da gusto.

1 comentario:

vacaciones en abisinia dijo...

me encanta l ilustración así fuera de contexto!