martes, julio 08, 2014

WHY WE FIGHT

El operario retira la caperuza de la chimenea exterior de la caldera del agua y mete la mano en el tubo. Era lo que temíamos: saca primero varios manojos de paja, y luego el característico amasijo circular, también de paja, en cuyo centro reposa media docena de huevos moteados, del tamaño de la yema de un dedo. Ése era el motivo por el que la combustión se venía abajo al cabo de unos minutos, dejando sin agua caliente al incauto que en ese momento hacía uso de la ducha. Inmediatamente nos sentimos culpables: poder ducharse con más o menos comodidad es algo absolutamente irrelevante, en comparación con el pequeño milagro de la vida que acabamos de destruir. Como adivinando nuestros remordimientos, el fontanero nos tranquiliza: "Lo milagroso es que todo esto no haya salido ya ardiendo. Han tenido suerte". Resignados, depositamos el nido en un plato hondo, que colocamos sobre la pila de leña, al pie mismo de la chimenea, por si la madre de la media docena de huevecillos aparece por allí. Sabemos que es un gesto inútil. Y nos pasamos la tarde preguntándonos si algunos de los trinos que se alzan en las inmediaciones del patio no será un sentido lamento o un indignado reproche.

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Veo con admiración ese logrado milagro de la propaganda que se tituló Why We Fight, la serie de siete documentales que Frank Capra dirigió para el Departamento de Guerra estadounidense para justificar la intervención de su país en la Segunda Guerra Mundial. En su planteamiento dramático no difieren mucho de otras obras de Capra: apelan a la unidad de los ciudadanos comunes contra las oscuras tramas de poder que buscan someterlos y dominarlos. En ese sentido, son simplistas; nada dicen de la parte de culpa que las potenciales víctimas tienen por haber secundado esos poderes oscuros cuando se les creía inofensivos o dirigiendo su capacidad ofensiva a terceros. Pero el mensaje es nítido y casi indiscutible: nunca el mundo había estado amenazado por un proyecto de dominación universal tan poderoso y bien urdido (aunque ya sabemos que esa urdimbre estaba hecha de alianzas coyunturales entre potencias con intereses no del todo bien avenidos); y nunca el llamamiento a la guerra en defensa de unos mínimos valores compartidos estuvo tan justificado. Aun hoy estos documentales siguen enardeciendo y emocionando. Que es más de lo que se puede decir de las mil causas que reclaman nuestra adhesión en estos desencantados tiempos.

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Claro que en las largas sobremesas estivales, y ante un televisor con acceso a Youtube, hay lugar para todo. También para Teaserama (1955), una de esas incalificables e ingenuas películas ínfimas hechas para lucimiento de las pinups Betty Page, Tempest Storm y otras. Si la pregunta de Capra era "¿Por qué luchamos?", la respuesta parece obvia, a la vista de estas opulentas bellezas de posguerra. 

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