domingo, agosto 31, 2014

AQUELLAS BELLEZAS

Aquellas bellezas de los años sesenta / setenta: delgaduchas, desinhibidas, aniñadas, algo desdibujadas y un tanto turbias. Su equivalente español fueron las animosas actrices del destape, a las que quizá la posteridad ha tratado con más dureza de la necesaria, porque sus referentes foráneos -pienso en Britt Eckland o en Sydne Rome, a las que acabo de ver en dos películas infumables, The Bobo de Robert Parrish y What? de Roman Polanski- no eran necesariamente mejores actrices ni tuvieron más suerte con los papeles con los que les tocó bregar... Las ve uno ahora como a lejanas primas mayores que quizá no han envejecido del todo bien, y a las que, con los años, el empeño de desmentir lo que fueron las ha vuelto un poco coriáceas, cuando no abiertamente reaccionarias, en contraste con la imagen que dieron en sus días de plenitud. 

Anoto aquí la impresión que me causa Sydne Rome en la mencionada película de Polanski: después de haber recorrido medio mundo en autostop y sin percances, la intentan violar unos chicos italianos, de los que consigue huir para refugiarse en una extraña mansión en la que parece tener lugar una interminable fiesta con ribetes de orgía, en la que participan personajes más o menos extraídos del imaginario beatnik y algún que otro superviviente del libertinaje de buen tono que también practicaron algunos afortunados de la generación precedente, aquí representada por un curioso personaje interpretado por Mastroianni... Y ya está: no hay más, salvo las idas y venidas de la chica, casi siempre desnuda o medio desnuda, por los distintos escenarios de esa fiesta caótica, que con mucha voluntad podríamos interpretar como una metáfora de la Europa de entonces, vista por un recién llegado que, antes de dar el salto al cine americano, quería sentar plaza de moderno y provocador. Bueno. Quizá lo extraño es que estas películas se sigan viendo hoy con cierta fascinación, tal vez porque lo que prometían -el sueño de una vida felizmente emancipada de todo lo que había agobiado a la sufrida primera generación de posguerra- no ha llegado a cumplirse del todo, ni estamos seguros de que eso fuera exactamente lo que deseábamos... Y ahí estamos. 

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