jueves, agosto 14, 2014

COMPRAS

En el pueblo, buscando un pebetero para quemar alhucema, lo que nos lleva al taller de una ceramista local y luego al bazar donde venden las candelas. Distraemos el tiempo con estas pequeñas tramas fútiles, casi impensables en esos otros días en los que el gasto de tiempo está predeterminado por las obligaciones... Y luego, en casa, mientras nos llegan las primeras emanaciones purificadoras del sahumerio, pienso en todo aquello que me gustaría que se llevaran consigo: fantasmas de dentro y fuera; las voces de los vecinos molestos que atruenan en la calle y esas otras voces, no menos fastidiosas, que se desgañitan dentro de uno. Humo, humo. Y a respirar un aire más limpio.

***

Le preguntamos a la herboristera para qué sirven estas tiras de pomelo desecado que vende en bolsas. Nos dice que hay quien las toma para la digestión; y no me atrevo a decirle que lo que me ha atraído de ellas es la posibilidad de utilizarlas para aromatizar los gin-tonics... 

***

Tomates. Los mejores son los más feos e irregulares, los que se presentan reventones y con surcos de tierra negra incrustada en su agrietada superficie. Llevamos comprándolos todo el verano y no tenemos queja. Y anticipamos, por contraste, el contraproducente efecto que nos causarán, cuando no tengamos más remedio que comprarlos, los tomates perfectos del supermercado.

***

Acompañando al amigo que amenaza con dejar sin existencias esta gloriosa charcutería, casi me avergüenza mi contención. Pero ya no tiene uno estómago para trasegar estas grasas y mantecas más que esporádicamente, y aún así hay un precio que pagar por ello. Y no me refiero al monetario, no; ni siquiera a la previsible dispepsia, sino a esa delicada moral por la que se rige la necesaria expiación de todo exceso.

3 comentarios:

Tmartínez Martínez dijo...

Me gusta lo del pomelo desecado, y no digo más.

Anónimo dijo...

José Manuel, ¿sabes si hay alguna diferencia entre la alhucema y la lavanda inglesa? Tengo mucha lavanda en mi jardín aquí en Belfast pero nunca se me ha ocurrido quemarla.... ¿Allí en Cádiz se quema para aromatizar la casa, o tiene además otras propiedades? ¡Gracias! Sara

José Manuel Benítez Ariza dijo...

Creo que no es la misma planta; aquí la lavanda es lo mismo que el espliego, y el espliego quemado no huele bien -distinto es cuando se espolvorea un poco encima de un asado de cordero, por ejemplo-. En Cádiz solía añadirse la alhucema a los braseros, para dar buen olor. Dicen que, si se mezcla con corteza seca de naranja y un poco de azúcar, el efecto del humo resultante es balsámico. Un abrazo.