martes, agosto 26, 2014

DIARISTA

El operario que nos ha enviado la compañía de seguros para reparar las humedades del techo del baño es también, por necesidad, un consumado diarista. Nada más llegar, anota en el parte: "Llegada: 9.10". Luego pone manos a la obra y, hora y media más tarde, vuelve a anotar: "10.40: terminado el resanado del techo. Dejo secar y marcho a otro servicio. Vuelvo después de almorzar". Efectivamente, a eso de las cuatro de la tarde lo tengo de nuevo en casa. Unos cuarenta y cinco minutos después anota: "Lijado medio techo; el otro no se puede porque está todavía fresco el emplaste". Y así. Pienso que a este minucioso anotador de todos sus actos le habrá asaltado alguna vez la tentación de añadir detalles que van más allá de lo exigido por el protocolo por el que rinde cuentas de su trabajo; que alguna vez le habrá apetecido anotar que hacía frío o calor, que el inquilino de la casa era hablador o taciturno, que el ama de casa que le había abierto la puerta era guapa o fea. Él mismo es un hombre hablador: al día siguiente, cuando vino a rematar el trabajo, aprovechó la pausa de secado de la primera mano de pintura del techo para preguntarme dónde podía bajar a desayunar, lo que dio lugar a una animada conversación sobre la hostelería de la zona... Pensé que lo propio hubiera sido que yo lo invitara a tomar un café, pero todavía no habíamos salido a hacer las compras del día y no había una mala rebanada de pan que ofrecerle. Luego, ya rematada la segunda mano, me confesó que ese día no había ningún otro servicio que hacer, y quizá eso explicaba que no tuviera prisa. "Bueno, ha sido un placer", se despide ceremoniosamente. "Espero que, si volvemos a vernos, no sea por ningún otro percance". Suscribo ese piadoso voto, por más que la apostilla inmediatamente añadida al mismo me parece también muy razonable: "Y que no falte. Al fin y al cabo, yo vivo de esto". Lo último que le veo recoger son sus papeles. Imagino el último apunte: "11.15: A casa sin más que hacer". Y el temblor del pulso al constatar que es en ese tiempo muerto donde empiezan a suceder las cosas que verdaderamente interesan al diarista.   

1 comentario:

Anónimo dijo...

Hago este comentario no porque tenga importancia lo que en él diré, sino por hacer constar que sigo aquí, y soy fiel lector (que no comente nada normalmente sólo quiere decir que estoy de acuerdo, sin más): lo de "la ama de casa" suena un poquito cacofónico; "el ama", es, creo, lo normativo.